sábado, 6 de septiembre de 2008

Fila “El Loro”- Serranía del Interior

Sábado 23.9.2006

Las montañas del sur esconden muchos tesoros. El espacio es extenso. Las rutas conocidas hacia ella abundan “escondiditas" y resguardadas” por los pocos campesinos que allí viven y quienes se han ido transmitiendo información de una a otra generación. También es tentador terreno para aquellas personas, como nosotros, a quienes les gusta explorar y descubrir paisajes nuevos.Bajo esta premisa, este sábado 23, apenas amaneció, mis amigos y yo desde Caracas tomamos rumbo a los estados Miranda y Aragua, buscando llegar a la Fila Maestra de la Serranía del Interior, donde todavía existe selva nublada. Nuestro interés también se centraba en recolectar especies botánicas, objetivo que logramos gracias a la gran cantidad de especies que alberga, por ejemplo un viejo árbol caido, lleno de epífitas de todo tipo, algunas nunca vistas.



Después de hacer “varios toques técnicos” en la vía para visitar amigos en algunos viveros afiliados a Avepalmas y dejarles material para la ampliación de su valiosa propagación de árboles y palmas, nuestro norte nos llevó al Sector Campo Alegre, bien lejos de la carretera, por un camino que se adentra en la montaña. Encontramos un cartel señalizando la Finca Santa Bárbara, que tiene, según nos informó su actual propietaria, 500 años de establecida. Al principio se extendía por muchas hectáreas llegando sus límites hasta el Sector El Loro, fue parcelándose a medida que nuevos dueños la adquirían. La sección que queda hoy día, es medianamente grande y en ella nacen 6 manantiales de agua que independientemente llevan sus aguas al cauce del río Zuata, uno de los afluentes del embalse de Camatagua.Interesante las diferentes especies de plantas medicinales y hortalizas, que la señora de la casa cultiva con cariño y esmero, zarzaparrilla, jengibre, cúrcuma, habichuela y cantidades de frutas, nos da una cátedra de las propiedades de la medicina natural. De la antigua casona quedan pocos vestigios, sobre ellos se construyó la estructura actual, sin embargo persisten algunos trechos de piso en ladrillos, vigas de maderas en los techos, puertas con manillar de cobre, y una preciosa habitación donde reinan los helechos, invaden todo el espacio, hasta colgando del techo y no sólo criollos, sino también de extracción extranjera, oscurecen el espacio y resguardan viejas máquinas procesadoras de café y un vetusto tinajero. Son muchas e interesantes las historias por contar de la Sra., pero será en otra oportunidad no teníamos tiempo para quedarnos.





Proseguimos nuestra marcha bajo un techo de bambúes, ascendemos por un camino de tierra poco transitado hasta llegar a otra hacienda, ”La Barquera” es ésta la última casa que veremos, más allá todo “es monte y culebra”. Descendientes de los antiguos dueños, la cuidan. Tiempo atrás fue cobijo de caballos de carreras que se destacaron nacional e internacionalmente, otroras glorias del pasado. Traen reminiscencias las fotos en las paredes de los eventos con fechas 1956, 58…


Hermosos jardines donde las flores de todo tipo conviven, variedad de heliconias y crotos, árboles frutales de limoneros, aguacates, cambures, mangos, guanábanas, guayabas, que maravilla de cultivo de albahaca... Gentil nuestro anfitrión nos brinda bebidas frías y amena conversación. Pasado un tiempo prudencial, uno de sus empleados nos acompaña hasta el sitio donde comenzaremos nuestra caminata. Son las 11.47 de la mañana y estamos a una altitud de 800 m.s.n.m., admirando el precioso entorno circundante, tomando fotografías, recogiendo muestras de plantas,se nos fue yendo el tiempo y para cuando llegamos a la Fila Maestra, no muy lejos del Topo Santo Domingo, estábamos a una altitud de 1.120 m.s.n.m.



Allí bajo la sombra de frondosos árboles, acompañados por una curiosa mariposa azul, almorzamos. Luego seguimos nuestra caminata en terreno plano hasta donde comenzaba a descender, desde allí nos devolvimos y con paso mesurado, regresamos a la hacienda donde dejamos nuestro vehículo. El reloj marcaba las 2.47 p.m. - un paseo lindo de 3 horas.


Con una última visión de un hermoso caballo de “coleo” cuyo dueño estaba de visita, nos despedimos.Sin prisa descendimos la ruta que comenzamos en la mañana y cargados cada uno de nosotros con frutas, plantas, flores y el recuerdo de un día precioso y compañía agradable, retornamos a nuestras casas.

Nos vemos en la próxima.


Edilia C. de Borges


Fotografías: Rosana Langerano

jueves, 4 de septiembre de 2008


La Laguna del Hoyo



Diciembre 2007



Hola amigos todos, les cuento:
Viajar al estado Mérida siempre es placentero más aún si el viaje lleva el objetivo de caminar por sus páramos y conocer una nueva ruta, con todo y las sorpresas que ello acarrea, además de re-encontrarnos con los siempre hermosos y cambiantes paisajes y la gentileza de sus habitantes.
Mis amigas y yo con un organizado y previsto itinerario decidimos irnos entonces para conocer la Laguna del Hoyo, situada en estribaciones de nuestra Sierra Nevada.
Al llegar a la ciudad de los caballeros, ya nos esperaba un transporte contratado, la camioneta de doble tracción nos llevó entonces desde el Terminal de buses hasta el sector de Escagüey con una distancia en tiempo de 50 minutos.
Lamentablemente me di cuenta que el interior del país no se diferencia mucho del mal de la capital, porque una larga cola de vehículos retrasó nuestra llegada al destino.

Una muy hermosa y elegante posada, decorada con exquisito gusto y sumamente agradable por ofrecer calor de hogar, situada en las afueras de la ciudad, privilegiada por estar situada en lo alto de una extensa colina a la entrada de la intrincada montaña, una de tantas que
circunda a Mérida, desde allí se divisan claramente los valles cultivados a su alrededor.





En razón al retardo en que incurrimos no pudimos hacer la caminata que teníamos prevista, así que una vez registradas en la recepción y asearnos un poco en la habitación que nos asignaron, dejamos nuestros equipajes y nos fuimos a recorrer los alrededores y almorzar. Bajo una lluvia muy fina caminamos bajando la colina hasta llegar a la carretera, donde a unos pocos kilómetros encontramos un restoran que nos habían recomendado. Muy bien atendidos por los gentiles anfitriones degustamos una sabrosa comida típica de la región en un ambiente familiar y rodeadas de flores y jardines por todas partes.
Mientras nos servían mis amigas se “volvieron locas” primero con un gordo gato doméstico y negro de mirada implorante retadora y después con un cachorrito pequeño y juguetón, que cual una mota de pelo blanco, con sus gracias se ganó la sensibilidad de ellas, al respecto hice “mutis”, no me agradan tanto los animalitos, conservo la distancia. Salimos ahítas de allí y para bajar la comidita hicimos un recorrido primero por algunas tiendas de variada artesanía, luego la Casa del Ponche, donde probamos varias mezclas del mismo: afrodisíaco, de canela, de mistela y otros, quedándonos con el tradicional de canela y comprando una botella, nos dieron sendos vasitos plásticos y fuimos bebiendo para contrarrestar el friíto, visitamos también La Casita de la miel donde venden productos de la abeja, además de polen. Proseguimos luego por senderos fuera de la carretera sin perder el norte, subimos y bajamos y nos internamos por un camino medio plano, muy fresco por la profusión de flora de la región, líquenes y musgos hasta llegar a un puentecito desde donde nos devolvimos ya empezaba a oscurecer y el frío comienza a sentirse.

Ya en el acogedor salón de la posada, provisto de libros, revistas, cuadros y obras de arte, mientras esperábamos la cena hicimos una muy amena tertulia. Luego nos retiramos a nuestra habitación donde reanudamos nuestra conversación al calor de tragos del ponche que todavía quedaba.
Al día siguiente a las 8.30 ya rodábamos en la camioneta, incluyendo el guía contratado rumbo al páramo, el vehículo de doble tracción recorrió una angosta carreterita, que algunas veces daba vértigo mirar hacia los lados, por la altura donde íbamos.
Al término de esta vía llegamos a un amplio sector plano rodeado por montañas, nos bajamos porque desde allí caminaríamos hacia nuestra meta. Nos despedimos del chofer hasta la tarde y siguiendo al guía comenzamos a caminar con temperatura de -18 y un tiempo despejado, lentamente por el serpenteante sendero el agreste paisaje que adelantamos era de una imponente belleza, a lo lejos distinguimos una caída de agua que refulgía entre las negras rocas.




Vacas, toros , caballos y mulas pastaban por doquier a su libre albedrío indiferente a nuestro paso, aunque para ser sincera yo me “moría” cuando tenía que pasar al lado del toro con unos cuernos afilados de longitud considerable, en esos momentos me le “pegaba” al guía cual garrapata.
Subimos todo el tiempo impulsados por la magnética atracción que nos ejercía la maravillosa vista, las montañas tenían un tinte azulado por la neblina que poco a poco se les iba retirando, hondonadas donde se escondían manantiales, riachuelos sonoros y cristalinos se precipitaba con fuerza entre las piedras por inclinados flancos del terreno.
Frailejones no florecidos, arbolitos “Colorados” se levantan por las orillas. A algunos todavía les brilla la escarcha de la noche.


A intervalos se alzaba en un montículo una blanca cruz de madera con la que los lugareños católicos señalizan el periplo de “El calvario” en la semana santa. Como era la primera vez que transitábamos esa ruta, íbamos muy atentos para captar los innumerables y preciosos paisajes. El buen tiempo reinante favorecía nuestros deseos para captar en imágenes fotográficas lo que se nos ofrecía. Calmadamente atravesamos varias “ventanas” en las abras de algunas altas colinas, ya en la última cruz que conseguimos, detrás de ella una secuencia de enormes piedras escondía el caminito que haciendo un alto de repente
me llevó enfrente de la laguna que buscábamos:”La Laguna del hoyo” y tiene muy bien puesto el nombre porque está en un hueco u hoyo encerrada por todos lados excepto por donde estábamos nosotros.


Es un sitio encantador, caí bajo el hechizo del bellísimo panorama y me senté en la roca en estado contemplativo, mientras mis acompañantes iban de un lado al otro tomando fotografías. El fondo de las aguas en algunas partes se traslucía viéndose su lecho cuajado de piedrecitas y guijarros y en otras era oscuro supongo que debido a la profundidad, no es tan grande como la Laguna del Santo Cristo, pero su tamaño es respetable, a sus orillas el romerito paramero y los frailejones realzan el paisaje.



Nos sentamos un buen rato allí aprovechando para merendar, hasta que la voz del guía nos trajo a la realidad recordándonos la hora, debíamos devolvernos porque el chofer nos esperaba a una hora que ya se acercaba.
Con paso más rápido desandamos el camino de piedras de todos tamaños y formas. Una vez en el plano subimos a la camioneta. Volvimos a la posada a recoger el equipaje y despedirnos de los gentiles anfitriones y de nuevo en el Terminal de buses cómodamente esperamos la salida del nuestro hacia Caracas donde llegamos al día siguiente muy temprano y sin contratiempos, trayéndonos el recuerdo del dulce sabor experimentad de una nueva vivencia en los páramos andinos.

Nos vemos en la próxima,

Edilia C. de Borges
Fotografías: Rosana Langerano

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Cerro La Guamita – Cascada “Cola de Caballo”
Sábado 8 de Abril del 2006
Hola amigos todos, les cuento:
El consenso de 5 amigos aventureros en busca de nuevas rutas para excursionar, éste sábado 8 nos llevó a salir de Caracas a las 6.30 de la mañana y sin mucha velocidad en nuestros vehículos nos trasladamos en menos de 2 horas al cercano pueblo de Ocumare del Tuy en el Edo. Miranda. Llegamos con antelación a la hora fijada para reunirnos con el amigo Teobaldo Alvarado con quien durante 2 semanas había estado coordinando la excursión. Mientras él finiquitaba los últimos detalles, nuestro amigo Sven conversaba con gente amiga, nosotras nos dedicamos a conocer los alrededores. Estábamos frente a la plaza Bolívar, pequeña pero bastante acogedora por lo sombreada, y limpia. Grandes árboles, jardines bien cuidados macetas con alegres flores y bancos, para sentados, disfrutar el entorno..En la calle posterior a la plaza aún persisten endebles y precarias ruinas de una antigua casa con muchas puertas y ventanas coloniales, hay una placa en una de las paredes, que lamentablemente no pudimos leer por estar protegida la fachada con una cinta que impide el paso, protegiendo así a los transeúntes de un posible desplome, ya ocurrió.. Visitamos también la sencilla iglesia engalanada con muchas flores avisando las festividades de Semana Santa.


Fuimos llamadas para continuar nuestro camino hasta algunas cuadras más adelante, donde nos sorprendimos al ver un autobús con personas adentro que nos estaban esperando, solicitaron que los siguiéramos hasta la sede de la UOE (Unidad Operaciones Especiales) de la policía local. Allí el Jefe del Comando, el Oficial Richard González nos recibió, indicó donde debíamos estacionar nuestros carros, nos hizo recomendaciones, nos dio sus números telefónicos (por cualquier eventualidad), y aún más destacó a dos de sus agentes quienes armados nos escoltarían todo el tiempo en nuestra caminata. Así que ahora éramos además de nosotros cinco, dos efectivos, varios estudiantes universitarios, seis jóvenes integrantes del Grupo SAD (Salvamento Auxiliar de Desastres) con su equipo de primeros auxilios, un guía (Guillermo Infante),Teobaldo y sus dos hijos; En total 22 personas, sin contar el chofer del bus. Todos fuimos registrados en el Comando con nombres y documentos de identidad, el Jefe González nos explica que la zona que visitaríamos es peligrosa en el sentido que la utilizan muchos maleantes y mal vivientes. Nos tranquiliza saber que vamos super- bien custodiados.
En el autobús nos llevan hasta la base del Cerro “La Guamita” 1-100 m., que no está muy lejos del Comando, por un camino de tierra en 20 minutos estamos allá. Es éste nuestro primer objetivo..Son las 9.40 a.m., Guía adelante, el grueso del grupo en el medio y los custodios atrás y adelante se turnan en el camino..Avanzamos por un camino ancho no asfaltado plano que en recorrido de 300 metros ya nos lleva hasta el Primer Salto del río, algunas personas se bañaban en él, no es muy bonito que digamos, el agua en un único chorro cae desde lo alto unos 10 m. y se empoza en un espacio circular mitad natural y mitad artificial por paredes contenedoras de un brocal de piedras. El agua luce oscura , pero en el desaguadero se torna cristalina, es como un pequeñito “hueco” en el recodo de la montaña. Al atravesar el río comenzamos la subida en cuesta pronunciada hacia la montaña, la maleza por todas partes está muy seca, caminamos sobre abrojos y bastantes hojas secas caídas.



El calor comienza a sentirse, el final de la subida llegamos al sitio denominado “La Toma”, donde abandonado, está un tanque cerrado de cemento para represar agua, tuberías gruesas y ruinas de una casa. Hace años esto se utilizaba para enviar agua al pueblo. Fue sustituida por una red moderna. Acá hacemos un breve descanso para hidratarnos y reagruparnos, continuamos subiendo llegando al 2º Salto, que es hermoso. El sendero que nos ha llevado hasta él está “encajonado” entre el talud de la montaña y un precipicio. Antiguamente se le construyó un murito y se colocó una placa informando que la obra data del período gubernamental de Juan Vicente Gómez.

El final del sendero es una formación de grandes rocas naturales, unas encima de otras y desde las más altas se desprende un potente chorro de agua, al caer forma una piscina natural ancha y profunda con suelo arenoso, con piedras resbaladizas a su alrededor. A veces algunos visitantes osados se bañan allí, preferimos no hacerlo…Susto….
De allí el río se angosta, pero va cayendo con fuerza entre piedras hacia una especie de cañada. Quise verlo desde más cerca y acompañada de mi amiga Thamara, el guía y otros jóvenes, nos atrevimos a bajar la cuesta, aunque no largo es dificultoso, es tierra suelta llena de piedrecillas, los pies ruedan por ellas, las ramas para agarrarse están secas y quebradizas no son confiables para agarrarse de ellas. Apoyándonos firmemente en nuestros pies y manos, casi “sentadas a veces” logramos llegar al fondo. El espectáculo de la cascada es precioso visto desde este ángulo. Se ha formado una cueva por la fuerza del agua, hay pozos profundos, el agua corre con fuerza..Tomamos fotografías y desde arriba nos llaman para reanudar el camino. La subida es más fácil. Tomamos ahora otra dirección, opuesta a la que empezamos. Subimos un corto camino encementado que nos lleva a la casita de dos lugareños a los que solicitamos permiso para pasar por sus predios, por supuesto lo primero que me recibe son los ladridos y acercamiento no deseado de un perro inquieto..Yo me escondo detrás de uno de los agentes para pasar “y que inadvertida”.. Caminamos entre malojos altos e irritantes y mucha vegetación reseca y en algunas partes quemadas por el fuego. El sol ahora si que está “bien caliente”, arde la piel, el calor sofoca, la sed nos agobia, no es recomendable beber el agua del río (que ahora no vemos ni oímos) así que hay que racionar el agua potable que llevamos. Algunos de los participantes se cansan y “descomponen un poco” debido a la alta temperatura. Descansamos y luego de un rato alcanzamos la “cumbre” del cerro 1.100 m. lee el altímetro, damos la vuelta a una curva y ahora el ambiente se vuelve más suave.
El camino angostico serpentea entre frondas, árboles altos (Mijaos, Jabillos, Caobos, flores de Riquiriquí, se oyen cantar los pájaros, vuelan hermosas mariposas. Algo anecdótico: Al pié de un alto caobo, se desprendió parte de su corteza en un trozo bastante grande, debe pesar sus buenos kilos, pero ello no es óbice, para que Corina le “ponga el ojo”. Así que cuando veníamos de regreso, ella cargó con su “quintal de preciosa madera” durante un buen largo rato, claro que la ayudaron algún ratico..Y todo porqué ya visualizaba la hermosa talla o escultura en la que transformaría tan preciado tesoro..Estaremos pendientes de verla y de saber cuanto le duelen los brazo al día siguiente.


Largo tiempo nos llevó llegar a una bajada y al río promisorio para el baño, pero nuestro guía no nos dejó quedar, con mucho cuidado me toma de la mano y me hace subir por encima de unas rocas altas semi-lisas y posteriormente bajar por un corto sendero escondido entre la maleza y las piedras, bastante inclinado. Bajamos como pudimos usando todas las técnicas incluyendo el “culi-cross”, se oía un bramar de agua…pero ocupada con lo mío no me atrevía a ver más nada…ya abajo..Oh maravilla…La Cascada Cola de Caballo (20/25 m.aprox. de caída). Se llama así porque al caer con fuerza forma una onda o desnivel semejante a la cola de este animal. Forma una poza grande, ancha, al despeñarse forma una cortina de lluvia que se disuelve en espuma que dispersa el viento.
Algunos no esperamos el almuerzo, con premura nos desvestimos y de inmediato nos lanzamos al agua, fresca, fría, reconfortante y creo que nuestro placer era tan evidente , que muy pronto casi todos estaban en el agua. Sven me dejó asombrada al verlo tan impasible y seguro de si al nadar por detrás de la caída de agua…Pesar sentí al ver a los dos agentes que sudorosos, que sólo se permitieron quitarse su chaleco antibalas y abrirse la camisa para sentir un poco de aire, estaban de servicio y no podían acompañarnos a nadar. Sus miradas tenían un deje de cierta sorna de envidia envidiosa, porque el calor los aplastaba…Ya les tocará en otra oportunidad Aracelys…


Luego del baño, el almuerzo, sesión de fotos y de grata conversación..Y a devolvernos. Eran las 3 de la tarde…Vimos algunos focos de incendio lejos y cerca de nosotros..El verano y la consecuente sequía ya se presentan con fuerza.
El autobús nos esperaba puntual y nos devolvió donde teníamos nuestros vehículos..Allí nos despedimos de todos, agradeciendo su compañía alegre, cordial, sana, gentil y amable que compartimos en esta excursión sabatina, prometiendo volver.. Agradecemos también la colaboración de los organismos oficiales y privados, la eficiencia de los agentes de la UOE, la logística del amigo Teobaldo, la paciencia del guía Guillermo.
Nosotros cinco luego de una “parada” obligatoria para cargar gasolina y refrescar nuestra sed con bebidas frías, tornamos a Caracas, felices por la mutua compañía, el maravilloso día compartido y por haber conocido una ruta nueva de esparcimiento..

Nos vemos en la próxima,

Edilia C. de Borges

Fotografías: Rosana Langerano

sábado, 30 de agosto de 2008

Cueva de la Quebrada El Toro – Santa Cruz de Bucaral-Edo. Falcón

29 al 31 de octubre de 2.004

Participantes: Edilia C. De Borges, Rosana Langerano, Libia H, Eduardo Escobar, José Díaz “Capino” (Guía) y Gregorio (chofér auxiliar).

En estos últimos días generalmente en la tarde, han caído sobre Caracas fuertes “chaparrones”· de lluvia que la azotan por algunas horas, pero el pasado viernes 29 desde principio de la tarde, el “aguacero” con visos de tormenta, brillantes relámpagos y bramantes truenos fustigaron con furia hasta el anochecer, lo que incidió para que el horario inicial de nuestro viaje se retrasara y la salida pautada originalmente para las 6 de la tarde, se hiciese en realidad a las 8 de la noche. Sin embargo lo tomamos con gran calma (nadie nos apuraba) , colocamos nuestros equipajes en la amplia parrilla de un jeep Toyota chasis largo y con gran comodidad nos ubicamos todos dentro del vehículo para comenzar la aventura. Partimos de Altamira y fuimos tomando atajos por calles y avenidas para evitar el intenso y caótico tránsito hasta llegar al peaje de Tazón, tomamos nuestro espacio en la larga cola que se deslizaba lentamente por el autopista y que se prolongó durante varios kilómetros. El rumbo era la Carretera Regional del Centro vía Carabobo-Yaracuy-Lara-Falcón, destino final.


Hicimos varias paradas en el trayecto para cenar, aprovisionar de gasolina el tanque del carro y para inflar de aire las “tripas”* (* interior de ciertas cosas, en éste caso de las llantas de los carros) que serían nuestras barcas en el recorrido de la cueva, sin contratiempos entre cabezadas, bostezos y soñolencia llegamos muy temprano al Estado Falcón, específicamente a la Serranía de Elda, pudiendo disfrutar del fabuloso espectáculo del sol al amanecer, a esa hora (5.38 a.m.) la temperatura era benévola y festones de niebla cubrían el paisaje. En breve tiempo llegamos al pueblo Santa Cruz de Bucaral, silencioso, sus habitantes aún dormían, muy pocas personas transitaban sus calles. Logramos conseguir abierto un negocio “toero” , donde la variedad de artículos para la venta se mezclaban entre cosméticos, implementos de labranza, sombreros, frutas, verduras, material para construir y…café y...empanadas “engañosas” (por fuera prometían , pero al abrirlas el relleno era efímero y sin sabor) mitigaron nuestras ansias hambrunas. Después de fotografiar su principal, angosta, pulcra y larga calle principal y sus casitas de nacimiento navideño, subimos al jeep y seguimos camino esta vez por una carretera angosta de tierra que nos llevó a una intersección, donde en una leve colina se alza una cruz de madera blanca, ella nos indicó el camino hacia la derecha al poblado de “La Taza” (5 kms), (el porqué de ese nombre no supieron decirnos). Desde acá en un recorrido de 10 kms nos introduciría en el Parque Nacional “La Quebrada El Toro”, decretado el 21.5.1969 y donde se encuentra ubicada la cueva el mismo nombre descubierta el año 1957 por el espeólogo Luís T. Laffer, Tiene una extensión de 4.885 hectáreas y una colonia de Guácharos (pájaros) en la Galería “Juan R. de Bellard”. Conocerla era el objetivo del viaje.


Aún cuando la distancia es muy corta entre el pueblo y la entrada al parque (30 minutos y 5 kms) nosotros nos tardamos la bicoca de 2 horas en su recorrido, ya que en el mismo habían trechos sumamente enlodados con barro pegajoso y huecos profundos, donde nuestro jeep cayó, se hundió, se “pegó”. La pericia y experiencia de Capino en estas situaciones esta vez se hizo resistente a resolver el problema. El pantano semi-líquido de tierra arcillosa y permeable succionaba con fuerza la goma de las ruedas y el peso del vehículo lo empujaba más y más hacia abajo y por ende impedía el avance. Allí no valían oraciones, improperios, ruegos, promesas, santerías, mochas ni contra-mochas, amenazas, sobornos. Nada. Sólo la voluntad y responsabilidad de Capino y Gregorio nos sacó del atolladero, se lanzaron al camino, con pala, manos, pies , imprecaciones, cavando, colocando hierba seca y ramas de árboles en las ruedas, bajo la mirada impasible y estática de un campesino y sus dos hijos, parados durante todo ese tiempo sin hablar ni ofrecer ayuda, solamente contemplando el espectáculo, después de 1 hora y grandes esfuerzos lograron liberar el jeep..Aleluya…Falsa alegría…recorrimos 3 metros y volvimos a la misma faena, repetir la historia…A estas alturas a Capino sólo se le veían los ojos bajo la máscara de lodo, sin camisa, descalzo, con el pantalón roto, cabello y cuerpo cubierto de “oloroso” pantano verdoso…Adelantó la fiesta de los fantasmas. Al fín pudimos salir de allí y la carretera aunque angosta tenía el suelo no seco, pero si apisonado sin barro, nos llevó hasta la reja de unas instalaciones de Hidrocapital, donde se ubica la entrada al bosque y a la cueva. En este sitio nos atendió amablemente el guardia del mismo quien puso a nuestra disposición las instalaciones sin muchas comodidades, pero al menos hay espacios con grama donde levantar el campamento, vestidores, agua corriente, luz eléctrica. Hay también mecanismos de bombas para llevar el agua del río hasta zonas cercanas pobladas, 2 tanques grandes para el agua (uno no se utiliza), matas de guayaba, limoneros, mucho cilantro (para aderezar nuestra comida), insólito no hay “plaga” (aún estando muy cercano el río) y la casa del guardia con nevera…que bueno….y televisor…que malo…
Después de un recorrido táctico, levantamos las carpas, comimos algo, nos cambiamos de indumentaria, nos apertrechamos con los objetos que necesitaríamos (cámaras fotográficas, linternas, tripas y hasta un salvavidas) y siendo las 11 de la mañana atravesamos la cerca saliendo del terreno resguardado hacia el sendero en el bosque húmedo tropical, de vegetación alta (vimos varios árboles “Niños”), serpenteando a veces por la orilla del río y atravesándolo otras más. El camino original se perdió por las muchas lluvias caídas, el curso del río se desvió. Capino observaba y consiguió pronto la ruta, camino plano no difícil.


Luego de unos 20 minutos de caminata ascendimos una leve cuesta resbalosa, al final de ella se encuentra una de las tres entradas a la cueva. Esta es la llamada “Resurgencia”. Se trata de una abertura muy grande en la piedra desnuda, es una formación rocosa en forma de cúpula , una especie de anfiteatro sin abertura en el techo, es bastante ancha pero no profunda , una caja de resonancia donde anidan los Guácharos que emiten un sonido de rumor fuerte de aleteos y chillidos agudos. Ahora frente a nuestra mirada se abre un mundo donde la realidad a veces sugiere la fantasía, porque sabemos que encierra en sus intimidades muchos secretos y misterios. Estamos allí un rato mientras Capino sentado encima de una alta piedra nos explica el origen de esa formación, sus características, el proceso de la estructuración de roca caliza, la temperatura, la profundidad, el porqué de lo turbio del agua del río, la fauna y flora existente..Relampagueos de luces de las cámaras iluminan una y otra vez el sitio...Ahora dejamos en el suelo los implementos que nos utilizaríamos y bajamos por un costado de la piedra hacia la otra entrada ó “Boca”. He aquí otra visión maravillosa a ésta la rodean plantas y más plantas verdes brillantes y húmedas, belleza escénica de las formaciones naturales que tras miles de años se han tornado en estalactitas (no se ven acá estalagmitas). Caminamos iluminados por las linternas, unos pocos metros sobre piedras sueltas y algo de guano a veces, hasta la orilla del río….Asusta… Es la salida del mismo antes de hacerse subterráneo, sus aguas nada transparentes, el desemboque es ancho flanqueado por altas murallas rocosas, no hay orillas donde hacer pié, solamente en la parte donde estamos nosotros parados. El agua se ve “mansa” apenas se mueve, ilusión óptica, acá no llega luz natural...todo es oscuridad…el agua no está fría, es tolerable. Bueno ha llegado el momento esperado de la verdad verdadera…para el que nos habíamos preparado e informado por varias semanas. El guía Capino nos explica, nos enseña y nos orienta sobre lo que vamos hacer y a encontrar supuestamente…y da el ejemplo. Lanza al agua la “tripa” y se acuesta de frente sobre ella en forma transversal quedando fuera cabeza, manos y pies con los que deberá impulsarse para navegar en el agua. Acostados así de espaldas hacia arriba habrá que hacer todo el recorrido del trayecto interno de la cueva, no existe por donde caminar...En la orilla uno siente el piso pero no es ancha la franja para ello, cae profundo muy rápido. Manuel sigue a Capino y modela su navegar con calma en una “vueltica de premisa” para entonarse. Viendo aquello tan fácil, reclamo la preferencia de ser la primera que lleven, algo torpe hago todo lo que me indican, pero como que no tan bien, porque de inmediato me caigo de la tripa al agua, me aferro a la bendita tripa por un lado y seguidamente me da un ataque de pánico total, grito y grito solicitando ayuda, son segundos de pánico total que me inmoviliza de tal forma que no me doy cuenta que el agua apenas me llega a las rodillas…Al rescate pues …Sustote...No hablar sin vergüenza salgo del río y me siento aún respirando agitadamente al lado de los prudentes compañeros Rosana, Eduardo y Gregorio que veían los “toros desde la barrera”, calladitos sin ni siquiera intentar mojar sus manos…Mientras tanto ya Capino, Manuel y Libia navegaban dentro de la cueva, la pared de la cueva hace allí una curva y pronto no los vimos más, apagamos nuestras linternas y en la oscuridad reflexionábamos (¿)..No habían pasado 10 minutos cuando vimos un resplandor de luz en las paredes y un ruido de chapoteo en el agua, los compañeros tuvieron que regresarse. No podían pasar a otra cámara, pues el agua del río estaba muy alta y había tapado casi la abertura de la misma, para proseguir había que sumergirse, hundir la tripa y al pasar al otro lado subir de nuevo en ella. Peligroso. Se devolvieron, de regreso frente a nosotros nos volvieron a invitar al breve paseo, yo “y que valientemente” lo volví a intentar, me volví a caer y lo dejé así…Me consolé con el hecho de haber conocido tan espectacular y hermoso monumento natural.


Luego de un buen rato allí, decidimos marcharnos, pudimos ver una araña con grandes patas, guácharos volando y colgando boca abajo y hasta en la arena del suelo la huella de una pequeña mano de cinco dedos, que el guía nos dijo debía ser de un animal, pero yo quise creer que era de un diminuto duende que nos acechaba en aparición fugaz. De regreso al campamento, después del almuerzo pasamos el resto de la tarde conversando, bromeando y conociendo los alrededores. Rápido llegó la noche, cansados como estábamos, nos retiramos a nuestras carpas y nos dormimos pronto arrullados esta vez por el fuerte sonido de las bombas hidráulicas (hubiese preferido el rumor del agua del río). Los trinos de muchos pájaros nos despertaron muy temprano. Las escondidas dotes culinarias de Rosana, Manuel y Eduardo se pusieron de manifiesto en el fabuloso desayuno que prepararon…Una vez terminado éste, recogimos el campamento, nos despedimos del guardia y del espectacular paisaje y tomamos el camino de regreso, que esta vez no se hizo penoso, lo pasamos fácilmente sin “pegarnos” en él..Al llegar a La Cruz ahora tomamos una ruta diferente hacia Agua Linda., Sanare…Una preciosa carretera de tierra llena de huecos que nos hacía dar tumbos y retumbos en el asiento, bastante calor, atravesamos muchos poblados con la gente toda en las calles, el paisaje cambiante a cada momento, vegetación baja… Rumbo a Tucacas para darnos un baño de mar, pero al final cambiamos de idea, almorzamos abundantemente, pasamos Morón y ya en la autopista con algunas paradas de descanso, consiguiendo “colas de vehículos” en algunas partes, sin problemas llegamos a Caracas a las 8 y piquito de la noche del domingo 31.Fue una experiencia nueva de otra hermosa región de nuestro país.
Nos vemos en la próxima,
Edilia C. de Borges

jueves, 28 de agosto de 2008

Macuro, un rincón del paraíso


Mayo 2006


Participantes: Edilia de Borges, Rosana Langerano y Thamara Gutiérrez

¡He llegado al Paraíso…Tierra de Gracia!..frases exclamadas por Cristóbal Colón, célebre navegante probablemente nacido en Génova, quién descubrió a América y en el 3er. Viaje que realizó, 2 de agosto 1498, navegando por el lado sur de nuestro Golfo de Paria (al Oriente de nuestro país) sus ojos divisaron un idílico panorama: Una ensenada cobijando una región paradisíaca. Aguas mansas del mar centelleaban en varios tonos de azul y verde, contrastando con la limpidez del cielo huérfano de nubes y el muro vegetal intenso que le protege…Era Macuro y todavía 508 años después todavía es…Macuro, punto de encuentro de tantas maravillas…
Esa misma visión tuvimos mis amigas y yo cuando nuestra lancha un radiante día domingo se acerca a sus playas..Esa misma visión apreciamos..Un pequeño poblado se ha asentado allí. Al norte el insondable mar y al sur el bosque húmedo tropical. Gente sencilla, pescadores en su mayoría...



Llegamos al embarcadero y al caminar hacia el poblado, obligatoriamente tenemos que pasar por una pequeña plaza donde la estatua del gran navegante, se yergue ante nosotras con un dedo amenazante hacia el horizonte. A su lado un tetraedro erigido en el 500 aniversario del descubrimiento, nos cuenta su historia.
Ruinas de una antiquísima aduana, resguardo de botes, nos contemplan por los obscuros ojos de las ventanas de oxidadas y desmadejadas bisagras. Más allá un cobertizo amplio de zinc, sirve de depósito para el generador que mediante gasoil, aún en pleno siglo XI provee electricidad a los habitantes…Cuando se termina el combustible, también se apagan las luces..Al menos hasta que lo traigan de Guiria, pueblo a 2 horas de navegación. No hay carretera.
Bordeando un pequeño sector de la playa, un bulevar de cemento poco a poco se desmorona con el oleaje, nadie se inquieta por ello ni parece importarle…

Blancas sus paredes, con jardín engalanado por Flamboyán, una pequeña iglesia llama a los peregrinos. La escuela amplia de salones aireados y patios sombreados donde alegre resuenan las voces de los muchos niños….
Tiempo atrás alguien se preocupó de reunir cosas interesantes, objetos, recuerdos, documentos. Los recopiló e instaló un museo, para que los habitantes conocieran de sus ancestros..Pero el vandalismo lo saqueó, acabó con todo…La casa de bahareque se deshace, mustia y silencios...

Casitas sencillas y pintorescas se sostienen entre sí en calles (muy pocas) encementadas. Nos sobresaltan en las tardes la humareda de fogatas en las mismas, pero es solamente la basura que los lugareños sacan hacia la cuneta y allí la queman…

Paseando por la orilla del mar, nos encontramos con unas instalaciones metálicas en ruinas, rindiéndose ante el tiempo y el salitre que carcome sus bases..Proyecto comercial se dice, de un mejicano con visión de futuro mercantilista. Instaló acá una procesadora de yeso, aprovechando el rico yacimiento que en la montaña cercana al mar existía…Escuela, viviendas, hospitalito, parques, capilla…, todo un conjunto de servicios para el personal que allí trabajaría…Pero no “cristalizó”…Del porque hay muchas razones..Pero lo cierto es que el inversionista dejó todo abandonado y se marchó del país. Lástima, hubiese sido una empresa generadora de empleo..Sus estructuras hoy son refugio de animales y desamparados. Caminamos por el pedregoso lecho del río, seco por el fuerte verano..Sin embargo su belleza no se empaña por ello, a su vera se alzan magníficos ejemplares de Cedros, y una variedad florística; Usando la imaginación oímos y vemos correr sus aguas. Y justamente curiosas por saber de donde le llega a los moradores el agua potable, indagamos y al fin conseguimos un guía, mañana disiparemos esta inquietud.

Nos levantamos temprano, pero aquí la gente no conoce la prisa. Un buen rato esperamos en el único restauran existente en una modesta casita. Desde el salón donde están las 4 mesas puedo ver la cocina. Una matrona “entradita en carnes”, morena afable y de merecida reputación culinaria (su especialidad es “la bola de plátano”), tranquila, calma, nos prepara unas empanadas de pescado que se acompañan con café ”medio cerrero”, sin leche.. Listas…con el guía adelante vamos hacia el final del pueblo donde sólo hay una última casita..Las personas nos observan, hablan entre ellos, nos sonríen y contestan nuestro saludo. Thamara, cual hada, reparte “chupetas” a los niños…Dejamos “la civilización” y entramos en el bosque. Por una avenida natural de tierra apisonada, las frondosas copas de los altos Samanes florecidos la sombrean. Algunos “lloran”con lágrimas de barbas epifitas, la avenida se transforma en sendero en zigzag que asciende suavemente, nos desviamos un poco de él para llegar a “la Toma”..Ya conocimos el secreto..El río que baja de la montaña se represa en un estanque construido por el hombre, de él sale una gruesa tubería y pasa a otro embalse cerrado para “ser tratada” y posteriormente llega al pueblo saciando la sed de sus habitantes.


Regresamos al camino original y continuamos la subida. Pero no estábamos preparadas para el espectáculo maravilloso con que nos encontramos: “Vuelta Larga”, es el nombre de esta montaña. Parecía que se hubiesen preparado escenarios para nosotras. Un sector todo de color ocre, las hojas coloridas desnudan los árboles y cubren el suelo, crujiendo bajo nuestras pisadas. Luego amplias zonas de manchas rosadas..Compiten en altura Bucares, Cedros, Jabillos, Pardillos, Carapo. Cucharones. Variedad exuberante de hermosos árboles. De un tronco caído se desliza una serpiente..Trinos de invisibles pájaros…Desde la altura donde estamos vemos el pueblo completo y hasta la vecina isla de Trinidad.
Pasado un rato descendemos, el guía nos enseña un lugar donde bañarnos en el río. Sabemos como regresar solas. Él se despide y nos deja…Nosotras disfrutamos del agua fría en una reconfortante baño, los pececitos juegan sobre nuestras extremidades. Paz y armonía con la naturaleza…


Queriendo conocer otros sitios, allí toda la geografía es bella, utilizamos la lancha y en diferentes oportunidades conocimos varias playas: San Fco. de Uquire, Mejillones, Pargo, Don Pedro, La Palma..
Cada una de ellas tiene un peculiar y distintivo encanto y hermosura. Un cementerio infantil, escondido en el monte, llama mi atención por la policromía de sus tumbas…Agua de coco amarillo de sabor dulce y ambarino aspecto..Delicioso dulce de coco y piña…Inutilmente buscamos las plantas de “Clavo” y la de “ Nuez Mozcada”…
Noches en Macuro: Sosiego...Rumor de oleaje que acompaña nuestro sueño. Amables, serviciales y amistosas, las personas entretejen su grata conversación con la nuestra. Ansias de agradar derrochando hospitalidad y gracejo. Rosana desde su “chinchorro” otea el brillante cielo y nos señala constelaciones y estrellas…



Hermosos placenteros días los que disfrutamos en Macuro. Un pueblo lejano de Venezuela, pero muy cercano a nuestros corazones y de agradables recuerdos de vivencias en él, te espera.

Nos vemos en la próxima

Edilia C. de Borges

Fotografías: Rosana Langerano

miércoles, 27 de agosto de 2008

Buscando El Golfo Triste del “Bosque Steyermark” (Macizo Golfo Triste)



Domingo 30 de Abril del 2006


Participantes: Sven Nehlín, Edilia C. de Borges, Rosana Langerano y Eduardo Machado.


Hola amigos todos, les cuento:


En camioneta de doble tracción cuatro amigos tempraneros salimos desde Altamira rumbo al estado Miranda. Dos breves paradas en el camino, para desayunar y para que Sven entregara en el vivero de Joao Pereira, miembro de Avepalmas, un ejemplar de una planta ya germinada y lista para ser sembrada- Pasado el Santuario de Betania a medio camino del aún dormido pueblo de San Casimiro,y luego saliendo de la carretera principal y asfaltada, desviándonos a la izquierda, llegamos a la entrada del camino a La Providencia es un ancho camino de tierra, no tan malo pero con bastantes baches y golpeteos, la camioneta se bambolea. Nos detenemos en el pueblo La Providencia frente a la casa del Sr. Mario, quien con ayuda de Avepalmas se está iniciando en la formación de un vivero.



Sven de nuevo, cual San Nicolás en abril, le lleva de obsequio unas semillas de cartán y otros árboles y palma, indicándole donde y como sembrarla y mantenerla, además de solicitarle información referente al desarrollo de la palma que se le llevó el pasado mes. Satisfecha la curiosidad científica, nos toca ahora recibir la información que le requerimos referente al camino a seguir para llegar a nuestro objetivo de ese día…El Topo Golfo Triste y su posible enlace con el Curucutí.
La casa más cercana al final del camino se encuentra sobre una loma y nosotros desde allí podemos ver nítidamente una cadena de montañas al lejano frente..Señalando hacia allá, se nos indica que debemos seguir la ruta hacia el caserío “La Providencia”. Agradecidos nos despedimos y de nuevo en el auto tomamos rumbo a donde se nos señaló. Otra vez carretera de tierra, ascendiendo una cuesta, pasamos frente a un terreno que una joven muchacha, su hijo y el abuelo con agilidad desbrozan. Un área de gramas altas y hierbas invasoras, preparando el terreno para la siembra. Bajo un sol abrasador y con calor bastante fuerte proseguimos hacia arriba, un acre y desagradable olor invade el ambiente. Emana de un campo donde algunos hombres se afanan preparando la tierra para el sembrado, el olor es del abono orgánico que utilizan excremento de pollos. Enfrente del terreno se levanta una casita muy pequeña, apenas casi un galpón hecho con bambúes, pulcra y muy bien hecha. Esta cuidada por un amable anciano que sale a saludarnos y de paso nos da útiles informaciones.


Seguimos rodando siempre en ascenso por la colina hasta llegar a un gran terreno plano terraceado, donde se construirá una iglesia costeada por los moradores del lugar, trabajan muy duro para ello. Son gente sin mucho poder adquisitivo…Bajamos un poco y nos encontramos un amplio patio de tierra muy sombreado por árboles frondosos, una casita pequeña de bahareque habitada por la familia Díaz, cuya cabeza y líder es una señora anciana de carácter fuerte, vigorosa, que rapidamente nos da información y nos “saca” información. Agilmente. Vemos con genuina sorpresa que en una de las paredes está colocado un afiche del Ministerio del Ambiente, de muy cercana data, la señora nos explica que el día anterior le visitaron para ofrecerles talleres y colaboración para las siembras..Se nota que esta gente está luchando tenazmente para mejorar la calidad de vida, de ellos y de sus vecinos.
Pensamos que bien podemos instalar aquí a mediano plazo un vivero..Estamos en la zona de .La Providencia . Desde esta altura podemos observar toda la comunidad del mismo nombre.

Nos permiten dejar nuestro vehículo estacionado aquí. Son las 10.45 de la mañana Nos alistamos con nuestros morrales y comenzamos a caminar con la esperanza de llegar a la cima del Topo Golfo Triste. Apenas unos metros por lo que es una senda abierta por un tractor, nos adentramos hacia la montaña por un sendero que bordea los últimos sembradíos en parcelas cortas (flores, cebollín y maíz). Terrenos en pendientes, no muy extensos.

Siempre subiendo (solamente encontramos en este trayecto una casita desierta, donde un columpio rústico y triste , cuelga de las ramas de un árbol. Proseguimos hasta donde encontramos un tanque australiano: “La Toma”. Se surte de un fuerte chorro con agua que sale de una gruesa manguera y que no sé de donde viene, y del tanque a su vez, salen siete mangueras que riegan los sembrados alrededor. Nosotros sudados y acalorados por el ejercicio y el sol en la subida, con avaricia nos refrescamos con el agua fría…Un solo árbol, es centinela del precioso líquido.
La subida que venimos haciendo es fatigosa no por la altura, apenas estamos a 700.m.s.n.m., sino lo es porque es terreno despejado de sombra alguna, es vegetación corta y casi toda de maleza. El sol sin miramientos lanza sus ardientes rayos sobre nuestras humanidades…Tomamos fotografías aprovechando el breve descansito…




Estamos subiendo por la loma entre las quebradas de La Providencia y Guamal.
Prosiguiendo el camino nos adentramos ahora sí en el frescor del bosque..Lo primero que encontramos es una zona donde imperan las flores de Riqui-Riqui (Heliconia bihar), estamos a una altitud de casi 900 .m.s.n.m.y son las 11.00 a.m. Su alegre color rojo las destaca con descaro entre la verde vegetación.. Salimos del claro y seguimos caminando sendero arriba, lo hacemos despacio pero no cansinamente..Un árbol llama nuestra atención, pués se yergue sólo a un lado del camino, pero lo interesante es que está totalmente florecido con flores rosadas y de sus ramas también cuelgan algunas vainas pequeñas de color verde..Alborozada yo dije: ¡Vainitas!.(ignorante yo), Rosana dijo; “pués hombre no, habichuelas”..La mozuela también se equivocó. Ninguna de las dos Comenzamos a vislumbrar las maravillas que este bosque nublado nos depara..Cada tanto nos detenemos para oír las sabias observaciones de Sven, que a ratos encuentra un espécimen de planta no muy prolífera en otras zonas.. Nos llama la atención sobre esto y nos da detalles..Son muchas y variadas…Desde altos árboles…..”Cucharones”, de gruesos troncos, esbeltos y gráciles helechos arborescentes, elegantes ejemplares de palmas que nunca vi, bromelias en los árboles o en el suelo donde han caído, orquídeas, epífitas, rastreras, arbóreas. Barbas que cuelgan , lianas que se mecen,…flores extrañas, mariposas que parecen burlarse de nosotros en su rápido vuelo…Todo un paraíso para la botánica. Mis amigos y yo, humildes mortales observadores, nos doblegamos con sinceridad ante tanta magnificencia…Es un bosque virgen o al menos lo parece . Oímos sólo el desmenuzar del terreno o el crujido de las hojas secas en el piso, bajo la presión de nuestras botas. El débil susurro del viento nos acompaña. El denso y tupido techo que forman las copas de los árboles no da paso al sol, es así que una suave penumbra es la constante que nos arropa.
De improviso la magia se rompe, un desagradable espectáculo está enfrente nuestro: una zona desmalezada completamente, manos humanas han cometido ecocidio..Un árbol, fuerte, vivo, ha sido abatido sin piedad , una sierra de la cual vemos todavía la marcas en la madera nos lo confirman, lo han talado y convertido en franjas delgadas que están apiladas a un lado listas para ser transportadas…¿Cómo?, ¿Por dónde?...No importa, el gran mal está hecho, que tristeza..El serrín cubre el piso, el ácido olor de la madera en descomposición me marea. El sitio está ahora solo, pero encontramos las huellas de los no-pensantes que hicieron este acto repudiable..La basura los delata, porque ni eso pudieron hacer, llevársela….




Atrás el deplorable espectáculo. Continuamos por la áspera pendiente, las ramas susurran a nuestro paso y se cierran tras nosotros, estamos sumergidos en el silencio del verdor que nos rodea…Eduardo quien va delante, de repente se pierde de vista al dar un giro el sendero, oímos su exclamación de sorpresa y nos apresuramos a llegar hasta él…Ahora entendemos el porqué de su grito..Surge un espectáculo soberbio..Un gran espacio despejado, por la caída inmisericorde, por causas naturales, de un alto árbol, es puente de un lado a otro desde su raíz hasta la copa, a su alrededor el follaje de arbustos enanos, de la preciada y rara palma florida ”Asterogyne Spicata”, de las bromelias que se desprendieron, ahora en el suelo…Sven recoge con amor a una de ellas, grande, y la coloca en el hueco que queda en las raíces del árbol caído..Nos entusiasma la floración de un ejemplar del palmiche con hoja roja y le tomamos fotografías…Medimos la altura en que nos encontramos 1.120 .m.s.n.m., Creo que hemos encontrado nuestra versión particular del Edén…
Pero la realidad se impone, vemos el reloj y con sobresalto nos enteramos que son las 2.30 p.m. Es hora de regresar, aún cuando el altímetro nos indica que todavía faltan 500 metros para coronar la cima…Pero el tiempo puede cambiar, necesitamos además un machete para desbrozar el camino que se está haciendo enmarañado, con seguridad si seguimos nos alcanzará la noche…En consenso decidimos regresar..Volveremos en dos semanas para concluir nuestro periplo..
Notable que durante esta travesía Sven descubrió, cuatro especies nuevas de plantas y algunas en peligro de extinción…Cuando volvamos lo haremos con un botánico que validará este descubrimiento…Además que hicimos acopio de muchas variedades de semillas..
Con la magnífica orientación que la brújula le da a Sven, retomamos el camino de vuelta..El GPS no funciona en el bosque tupido sin antena especial. Bajamos, un breve descanso para merendar algo y muy pronto estamos de nuevo con la familia Díaz , con quienes quedamos de acuerdo para el regreso al sitio. Con el compromiso de llegar a la cima de ambos Topos; Golfo Triste y Curucutí, nos despedimos…
Nos vemos en la próxima.

Edilia C. de Borges

Fotografías: Rosana Langerano

miércoles, 13 de agosto de 2008

La Sima "Ña Placida"


Sábado 17.3.2007

Hola amigos todos, les cuento

Fue tan interesante nuestra última exploración al “interior de la tierra” (Cueva El Peñón), que mis amigas y yo no dudamos en aceptar el reto de explorar una sima. Así que simplemente nos equipamos con todo lo necesario para ese tipo de aventuras, sin importar que mi casco fuese recuerdo de una pasada campaña política (no digo que año), o el de mi amiga fuese de ciclista. El asunto era protegernos de los “golpes” con techo y paredes sólidas. Bien entonces ya listas, salimos de nuestro sitio de reunión en Caracas tempranísimo, se nos recomendó porque el camino era largo. Cuando llegamos a la plaza Bolívar de Charallave, ya nos esperaba Teobaldo Alvarado y sus hijos Aníbal y Lisandro, después se nos sumaron tres profesores universitarios y un menor de 11 años, “bien pilas”. Abraham.

El sector de montaña donde se ubica esta sima es bastante retirado de la ciudad, así que subimos en un transporte, que nos hizo el “acercamiento”. Mientras subíamos por la carretera de tierra, admiré el extenso panorama a nuestros píes, Charallave, Cúa, otros caseríos menores, la cadena de montañas de la Serranía del Interior, las instalaciones del recién inagurado tren, las columnas de humo, todo esto difuminado entre la bruma de la calina y el humo de incendios. La sequía en éste verano es fuerte este año. Llegados a cierto punto descendimos del jeep nueve personas, comenzamos a caminar por la carretera que ahora desciende. Pisamos fuerte, enérgicos y cuidadosos, aún así el impacto de las pisadas levantan una polvareda, que pronto cubre nuestras humanidades con un polvillo dorado y muy fino. En consecuencia es graciosa la cara de mi amiga, parece una “muñeca japonesa”. Es un día bastante caluroso, el sol arremete con fuerza, nuestro paso ligero y la entretenida conversación hace olvidar estos “detallitos”. Bajamos una última loma, seguimos ahora una senda estrecha, hay bastantes rocas grandes color platino. El final del sendero es bastante inclinado, la tierra esta suelta, no hay donde agarrarse. En una curva mis botas resbalan y se deslizan raudas hacia el barranco, por suerte Lisandro va delante de mí, se afianza bien en el suelo y con la misma me agarra por un brazo deteniendo mi avance ¡Sustote! Con ésta experiencia lo que resta por bajar lo hago en digno estilo culi-cross. Llegamos a un pequeño plano por un lado rodeado de altas y serradas piedras grisáceas, las sorteamos con cuidado.


Ya ante nosotros está la formación que venimos buscando. En desigual simetría rocas altas y serradas. Sin embargo con gran decepción nos damos cuenta que no estamos solos, un ruido inoportuno, vocinglero y escandaloso nos recibe, se trata de un grupo de personas que se nos han adelantado. Un horroroso y aparatoso equipo portátil de sonido, “vomita” estruendosa música vallenata, botellas con licor, cava portátil, vasos de cartón y la gente ¡Ahaa la gente!. Una veintena de personas entre hombres, mujeres y niños con gritos y risas de altos decibeles. Nuestra brusca aparición y la expresión de desagrado e incredulidad de nuestros rostros al presenciar el espectáculo, es tan palpable, que produce un silencio ominoso, lo que aprovecha Teobaldo para señalarnos un montículo cercano al lado, en la parte alta de las piedras. Él se queda a dialogar con aquellas personas, tratando de persuadirlos para que adoptasen una conducta cónsona con el ambiente donde se encuentran.Nosotros nos apresuramos a subir una corta y empinada rampa natural, encontrándonos de frente con una “boca” de entrada pero ésta es horizontal.Y es que “Ña Plácida” es una cueva, con una sima (donde se encontraba la gente), cuyo acceso principal es la sima. Es todo un complejo de galerías y túneles que se forman en el interior del monte, con muchos ramales y cóncavos de mucha extensión, algunos o casi todos se comunican entre sí, algunas claraboyas y techos abovedados, llenos de raras e intrincadas molduras, que forman en la piedra, el agua subterránea que escurre en su interior, y que muy raras veces aflora en gotas al exterior. El nombre de “Ña Placida” cuenta la leyenda, que viene dado porque esta formación se ubicaba dentro de las tierras propiedad de una señora con éste mismo nombre. Muy alegre le daba por hacer fiestas dentro de la sima, bajaba hasta donde hay un espacio muy plano y amplio, y allí bailaban joropo, músicos y bebidas espirituosas. Científicamente esta sima /cueva se ubica en la Fila Magdalena de la Serranía del Interior. Son formaciones rocosas de la Era Mesozoica del Período Cuaternario. El primer estudio que se levantó de ella, lo hizo el Dr. Álamo en 1912, y fue hasta 1917 cuando se explora por primera vez por el naturalista investigador Luís R. Oramas. Está formada de cuarcitas, calcio y otros minerales.

La entrada donde nos encontramos no es muy ancha y se estrecha al entrar, el techo no es muy alto y se observa una muy pequeña claraboya. De inmediato se bifurca en dos direcciones. Hacia la izquierda se caminan unos pasos y si no se tiene cuidado de inmediato caerá hacia un brusco hueco, que con la luz de mi linterna no veía el fondo, el saliente donde me encuentro se siente algo frágil, salgo de allí. Hacia la derecha hay un pasaje angosto, hay que contorsionarse bastante para atravesarlo acostada, luego un espacio plano no muy extenso y de seguidas otro túnel más angosto aún. Se puede oír el eco de las voces de las personas que han bajado por la sima al otro lado. Paredes y techos en esta oscuridad semejan bocas y garras de animales grotescos y espeluznantes. No es un recorrido muy largo hasta donde se puede llegar, salimos del área y bajamos para ver si ya la poblada se ha ido y poder bajar nosotros. Pues sí, se marcharon. Somos dueños del terreno.


Vista desde afuera es fantástica, impresionante portal, la luz del sol penetra un poco e ilumina parte de las paredes con una coloración de concreciones, debido a muchos factores tales como la presencia de óxidos metálicos o material orgánico. Gruesas estalactitas cuelgan del techo, millones de años han pasado para éstas creaciones de agua y roca se formen, son presencias etéreas y poderosas. A veces se han unido con estalagmitas creando columnas, obeliscos, de color blanco, azulados, verdes traslúcidos. Mis ojos “beben” con deleite tanta bellezura. Mi amiga y yo nos sentamos en una gran roca plana y sumergiéndonos en el silencio comulgamos ante aquel reluciente despliegue de hermosura. En el centro de todo aquello la sima oscura y misteriosa invita a una peligrosa aventura.Y ésta comienza ahora. Dos grandes, gruesas y sólidas raíces de un árbol se introducen desde el techo, por entre las piedras.

En un costado de la orilla de la sima, afianzándose en el piso abajo. Precisamente están al borde de la fosa, los guías han aprovechado para amarrar de ellas un grueso mecate, reforzando con algunos palos altos. Todo esto sirve de apoyo en la bajada. Serán escasos metro y medio, para bajar sólo se requiere manos firmes y fuertes, fuerza en los brazos, precisión en colocar los pies en precario apoyo y cero miedo, (esto es lo más difícil para mí). Ya adentro al pisar el suelo y mientras el corazón se dispara en sus latidos, una muy leve luz apenas nos alumbra, ayuda al principio, pero muy pronto se sustituye por la luz de las linternas. Se comienza a bajar hacia el corazón de la tierra. Chillidos de murciélagos, el murmullo de una imprecación o el sonido gutural de admiración es lo que se escucha. Lo demás es silencio, un vasto silencio. La bajada se prolonga por bastante distancia hasta que el guía dice: Hasta aquí llegamos. Más abajo se torna en vericuetos muy difíciles. Sin embargo, con todo lo visto: facetas que brillan como diamantes al darles el rayo de luz. Salones y galerías de increíble hermosura, un viento frío sopla por el pasadizo. De tanto en tanto el guía se detiene para enseñar y explicar algún detalle. Comenzamos a desandar el camino. Ahora la salida de la sima es como más fácil. Arriba, Abraham, el niño que nos acompaña y que trepa como un mono, sonriente y feliz me enseña sus tesoros, recogidos en el piso de la sima: Una estalactita trunca como el cono de un helado, intento hacerle trueque por dulces, pero no es tonto, se niega. Sólo nos resta ahora tomar la fotografía de todo el grupo, juntos sonrientes exploradores y guías.

Esta mañana salimos de Caracas a las 6.30 de la mañana, estamos retornando a nuestros hogares a las 7.48 de la noche. El correr del tiempo no lo notamos, se nos hizo breve para todo lo que resta por explorar aún, pero ha sido suficiente para un maravilloso día.

Nos vemos en la próxima,

Edilia C. de Borges


Fotos: Rosana Langerano F.

Posteado por: Oscar H. Mattey

viernes, 8 de agosto de 2008

La Ruta de las Palmas

Abril 2007-05-09

Hola amigos de la montaña, les cuento:

Son las 7.30 de la mañana de un sábado, varios miembros y amigos de Avepalmas nos hemos reunido con sendos vehículos en el Jardín Botánico en Caracas. Somos once entusiasmadas personas que recorreremos la Costa (Litoral Central y un poco más allá) visitando los viveros que se encuentran en ella y cuyos dueños son miembros y amigos de la Asociación.

Siendo un día feriado el tráfico está muy denso al tomar la autopista hacia La Guaira, pero se liberó una vez entramos en “La trocha”. Calor bastante fuerte era promisorio de lo que encontraríamos más adelante al estar en la tierra “caliente”.

Nuestra primera parada fue en el Núcleo de la Universidad Simón Bolívar en La Guaira restaurada casi en 70% después de los destrozos que ocasionaron pasados deslaves. Infortunadamente el acceso nos fue impedido por un árbol atravesado en la vía interna, sumamente pesado para apartarlo.

Continuamos por la Av. Costanera y en Caraballeda nos detuvimos para desayunar y comprar material fotográfico. Seguimos ahora la carretera, vía en buen estado y preciosa por estar a la orilla del mar. Llegamos a Los Caracas atravesando toda el área hasta su final, donde comienza la carretera asfaltada hacia Osma, es sumamente empinada al principio, está bien mantenida y el espectáculo que se nos ofrece es maravilloso con el inmenso mar azul brillando con el sol intensamente. Naturalmente nos detuvimos para captar con nuestras cámaras fotográficas aquella bellezura.

Ya estamos en la Ruta de las Palmas, la primera parada es en la hacienda del miembro Pancho Monaldi, su vivero Cañaveral se ubica entre Quebrada Seca y Osma. Encontramos una colección de palmas bastante organizada, además están experimentando con éxito una plantación de “Morinda citrifolia” o Noni, como se le conoce popularmente, actualmente está muy de moda porque en su fruto se han descubierto bondades medicinales. El amigo Monaldi estaba ausente, pero el encargado del vivero amablemente nos dio a probar el Noni, de repugnante olor que me impidió hacerlo; también nos ofreció gentilmente jugo del mismo mezclado con naranja, que tampoco pude beber, aunque mis amigos dicen que “estaba bueno”.

Desde allí mismo continúa un camino que atraviesa un bosque primario, con un palmetum pequeño donde sobresalía “La Palma del Edo.Vargas”. Los dos ríos que lo riegan estaban secos, pero la zona es umbrosa y hay frescor y humedad manteniendo las plantas su color verde lozano. Es un recorrido de aproximadamente 2 Km., termina en área costera enfrente del mar. Acá se ha ubicado la Posada Siete Mares, donde fuímos recibidos por su encargado, también miembro de Avepalmas, Manuel Sáenz. Nos brindó un sabroso jugo natural de frutas con el que acompañamos nuestro almuerzo.

La posada es un sitio acogedor con cabañas y servicios para personas que buscan soledad, tranquilidad, arena, sol y mar.

La montaña llega a la orilla del mar, hay algunos cocoteros y en ella existe un senderito que mis amigas y yo lo seguimos entre cactos y piedras, hasta llegar a un espectacular mirador natural, donde nos extasiamos tomando fotografías. Bajamos y descansamos luego en mullidos sillones frente al mar, pero tuvimos que huir de allí, porque se levantó de pronto una brisa muy fuerte que hacía volar “montones” de fina arena que se colaba por todas partes, muy incómodo.

Llegamos a la población de Osma, donde se ubica otro vivero que no pudimos visitar por estar cerrado. Seguimos ahora a la población de La Sabana, allí está el vivero de los también miembros Hermanos Abreu, estaban ausentes, pero la señora de uno de ellos, gentilmente se ocupó de enseñarnos la zona e informarnos sobre la plantación de palmas. extensión.

Sumamente organizado el palmetum de 1 kilómetro de Sectores de Palmas datileras, además de frutas tropicales.

Proseguimos nuestro viaje a Caruao, caía la tarde cuando llegamos allá, el sitio es el Campamento Aventura Caruao, el aviso en la puerta lo señala, un campamento ecológico propiedad del Dr. Omar Domínguez y atendido y administrado (con mucho acierto), por su sobrino Raúl Rojas Domínguez.

Su recibimiento fue bastante grato y de inmediato nos instalaron en sendas habitaciones, sencillas, pulcras, cómodas y funcionales. Una vez refrescados, el amigo Domínguez nos invitó a un recorrido por la plantación. En ella tiene la mayor cantidad de especies que hay a la fecha en Venezuela.

Cada planta que observábamos, nuestro guía se explayaba en informarnos sobre sus características y origen. Resultó además de entretenido, sumamente educativo e interesante.

Terminado el recorrido, mis amigas y yo nos separamos del grupo y acompañadas por Raúl, fuimos a conocer el cercano río.

Vaya sorpresa, aunque no es caudaloso ni profundo, el agua corre con ligereza, pero la maravilla es que en son aguas termales.

Un lecho de arena oscura por los minerales que arrastra, por ende el agua no es cristalina. Sumergimos la mano en la orilla donde humea de lo caliente, más allá conseguimos variadas temperaturas desde tibia, caliente hasta templadas y frías. Empezaba a ocultarse el sol y decidimos devolvernos al campamento. Decidí hacerle “honores” a la piscina antes de cenar.

Amables y diligentes nuestros anfitriones se “desvivieron” con sus atenciones. El reposo posterior cada uno lo hizo a su manera, conversando, leyendo, jugando cartas y hasta solitariamente sentado contemplando el cielo.

Al día siguiente, un poco jadeantes después del copioso desayuno, guiados por Omar subimos una pequeña colina situada detrás de las instalaciones, donde está el tanque para el agua, y allí pudimos contemplar y fotografiar toda el área del campamento. Magnífica vista aquella.

Bajamos y ahora nos dirigimos hacia el Palmetum hoy día propiedad de Omar), de nuestro miembro honorario, fallecido, Hany Gibson. . Muchas palmas adultas, que me dejaron “boquiabierta” por su altura, frondosidad y antigüedad. Algunos árboles frutales y heliconias completaban el espléndido cuadro.

Ahora nos vamos al famoso “pozo del Cura”. El río se desprende desde arriba como escondido entre las plantas y las rocas, forma un soberbio pozo de aguas profundas y cristalinas, el piso son lajas de piedra grandes y aplanadas. Muchos pececillos nadan libremente.

Está como encerrado en un rincón, entre grandes peñascos y el bosque. Me di un rico baño, mientras mis amigas prefirieron embadurnarse con barro termal, más abajo en el río. Pasado un rato me reuní con ellas. Resultó bastante relajante luego de la fría agua del pozo, acostadas en la negra arena y aletargadas con la temperatura variable del agua, estuvimos mucho rato hasta que oímos a los compañeros que nos llamaban. De nuevo en el campamento, arreglamos nuestras cosas porque era hora de partir, nos despedimos agradecidos por el maravilloso trato y tristes por abandonar el lugar tan relajante.

Almorzaríamos en el pueblo de Chuspa muy cercano. Al llegar ahí fuimos a conocer la playa, la cual estaba llena de bañistas (que envidia), el mar me llamaba, pero no había tiempo para un baño. Será en otra oportunidad.En un modesto restoran comimos, las amigas sopa y pescado del lugar y yo un plato de tostones, no me gusta el pescado. Sólo disfruto viéndolo nadar en el agua.

De nuevo en la carretera, cuando pasábamos por los caseríos, en varias puertas de las casas, las señoras instalaron un puesto de ventas de dulces caseros, cuya base en su mayoría era el coco. Hice buena provisión de ellos. “Divinos” los besitos de coco, las polvorosas, los suspiros, la torta bejarana, la de coco, la de chocolate, la melcocha, los coquitos rojos, blancos y dorados, el bienmesabe. ¡Hummmm!.

Esta carretera recorre zonas de Barlovento y por cuestiones de políticas, la mitad es de tierra y la otra encementada… Que cosa.

Llegamos a Carenero y luego a Higuerote, donde está el último vivero a visitar, es la casa de otro miembro Orlando Santana. En poco terreno Orlando ha sabido distribuir la siembra de algunos ejemplares de distintas especies de palmas, entremezclándolas estratégicamente con otras plantas, logrando diseñar un jardín hermoso y espacioso, como marco a su confortable vivienda. Amable la señora de la casa nos ofreció jugos y frutas naturales.

Ahora sólo nos restó devolvernos para Caracas, el trayecto fue tranquilo y rápido gracias a la nueva autopista.

Sin embargo nuestro deleite fue opacado por la cantidad de focos de incendios que veíamos por doquier, inclusive lejísimo en la fila de las montañas. Por momentos la visibilidad se hacía nula debido a la humareda que se levantaba de incendios cercanos a la vía. Triste como se pierden nuestros bosques.

Todavía con luz diurna llegamos a la capital, donde cada uno tomó rumbo a su casa.

Fue un fin de semana diferente, bastante agradable, didáctico e interesante, aunado a la grata compañía de los amigos.

Nos vemos en la próxima.

Edilia C. de Borges

Fotos: Rosana Langerano

Posteado por: Oscar H. Mattey