jueves, 24 de junio de 2010

El Delta del Orinoco

Junio 2010-06-22

El Delta del Orinoco es una gran puerta, por ella salen hacia el Océano Atlántico todas aquellas aguas convertidas en torbellinos, caños, cascadas, ríos, que muchos kilómetros atrás alimentaron al Gran Río, el Orinoco. El Delta es grande, muy grande en el mundo y se ubica en el estado Delta Amacuro, al norte del cauce principal del río Orinoco, el mas grande de Venezuela. La región deltaica es una llanura fluvial de reciente origen geológico formada principalmente por arcilla y limo cuya formación debió iniciarse al final de la Era Terciaria. El río Orinoco en su salida hacia el mar guarda la historia de la etnia Warao, sus mitos, su exquisita artesanía, su lenguaje, la vida de los criollos.
Es esta naturaleza avasallante la que en esta ocasión mi amiga Rosana y yo visitamos, queríamos conocer las aguas que sostienen un mundo, la vegetación y los animales que han persistido por siglos, queríamos contemplar la visión de la palma Moriche y el paisaje deltaico de un viajero que estuvo allí en 1839, el Padre José Gumilla quién dejó en sus manuscritos su percepción de esta tierra.

Es fácil llegar hasta allá desde Caracas, mi amiga y yo, armamos nuestros morrales viajeros y a las 5.30 p.m., ya estábamos sentadas en un autobús cómodo y rápido, que atravesando sin problemas varios estados de nuestra geografía, nos dejó muy de mañana en la ciudad de Maturín, capital del estado Monagas. Nos esperaba el señor Carlos González con su camioneta, aún siendo día laborable las calles a esa hora estaban con poca gente, me fue grato observar que éstas y la avenida por donde transitábamos estaban pulcras y bien cuidadas. Nos detuvimos en un café que apenas abría sus puertas, allí nos desayunamos. Mientras conducía el amable señor González nos iba señalando y describiendo todos los puntos de interés por donde pasábamos. Tomamos una vía fuera de la ciudad con destino al poblado de San José de Bujas* (*en warao significa mangle), es pequeño con una mezcla de población de criollos y waraos. Muchos niños uniformados iban hacia la escuela.

Saliendo de San José de Bujas, Edilia y Rosana

El río Guanipa corre por un lado al final del pueblo (donde termina la carretera) y sobre él un vetusto puente de concreto y cabillas que se está cayendo por uno de sus lados, debido a que sus cimientos han ido cediendo con el paso y crecida de las aguas y el terreno lodoso. Yace inclinado hacia un costado. Mientras le tomo una foto pienso: “Espero no se le ocurra desplomarse en este momento”. Estamos en el Caño Bujas, éste es el puerto, acá nos embarcaremos. Un “hasta luego” para el amigo González y subimos a una lancha blanca y grande, sin techo, con motor fuera de borda, a cargo un sonriente señor que con mucha paciencia respondería las muchas preguntas que durante el trayecto le hicimos.



Paisaje del Delta del Orinoco

Por fortuna nos habíamos embadurnado hasta el cabello con protector solar y nos cubrimos con sombrero y mangas largas, ya que el sol estaba fortísimo y su reflejo en el agua contribuía aún más. Navegamos alrededor de 2 ½ horas. El río es ancho, hay confluencia de corrientes y ramales, unos cruzan a los otros varias veces, son hermosos, largos y parecidos. El Delta va sedimentando nuevas playas, nuevas islas. Crece inexorablemente hacia el Atlántico. Nos encontramos con algunas canoas estrechas y largas. Pobladores waraos trasladan a sus hijos para la escuela, llevan y traen productos, mercancías. La compleja red fluvial que atravesamos generan islas pantanosas con poco terreno firme, donde se localizan grandes lagunas. El Lirio de Agua y La Bora destacan con profusión, el agua está fría y oscura. En las orillas, aisladas a veces o en reunión de 4 a 5, vemos las viviendas de los waraos sostenidas con altos troncos de árboles que se sumergen en el agua, la choza, sin paredes, sin puertas ni ventanas, al aire. Es una plataforma de madera sin pulir, virgen, techo de palma Temiche o en su lugar de Moriche, está abierta a la luz y al viento por todos lados, apenas una escalerita que baja hasta la canoa que está amarrada a ella y sobre el agua. Chinchorros de moriche cuelgan uno al lado del otro, pertenecen al núcleo familiar. Ollas negras de hollín y bateas de teca están en el piso apiladas, al lado de sacos con alimento (granos), piezas de ropa puestas al sol colorean el uniforme marrón oscuro donde se confunden, agua, vivienda y piel de sus habitantes. Los warao constituyen móviles pobladores. El indio cuando agota la zona donde se instala de cacería y peces, simplemente se muda dejando la choza atrás, otro la habitará probablemente.



Campamento

Distingo ya muy cerca un complejo de techos de palma y un muelle de madera. “Llegamos”, nos confirma el capitán. Este es el Campamento “Boca de Tigre”, el río desde aquí lleva el mismo nombre. Acerca la lancha a los escalones del muelle, el agua está a su nivel y solo queda dar un pequeño salto. Nos da la bienvenida el encargado, mientras gira instrucciones a una señora para que lleven nuestro equipaje y a nosotras a la habitación que nos han reservado. Cruzamos el pequeño y estrecho puentecillo y la frescura y sombra de los árboles sembrados por doquier nos refrescan, jardines con flores y palmas, se destaca un patio circular cuyo piso lo conforma un espiral de piedrecitas de varios colores, está inspirado en una artesanía warao. Amplios y ventilados corredores techados y pisos de madera. Las camas de nuestra habitación la protegen sendos mosquiteros, artesanía tejida warao adornan las apredes, un pequeño y completo baño. Todo aquí está fabricado con madera y palmas de la zona, hasta las pantallas de las lámparas. Hay una planta eléctrica, confortable comedor. En conjunto es acogedor y hospitalario, ventilado, confortable y plácido.



Comedor del Campamento

Luego de una bebida fría y un descanso, almorzamos con profusión culpable, pero fue todo tan delicioso que consideramos un pecado dejar algo en los platos. Después de otro merecido reposo subimos a la lancha con Denis (El Capitán) y el Catire Ramón (Guía warao), con ellos hicimos una hermosa excursión fluvial por los caños cercanos. Pudimos observar con interés el “fenómeno de la marea”: Cuando llegamos en la mañana el agua del río estaba al nivel del último escalón o sea en criollo “hasta los teque-teques”, pero ahora en cosa de 6 horas el agua ha bajado mucho. Nos explicaron que el fenómeno ocurría debido a la entrada de la marea proveniente del océano. Era curioso ver como “La Bora” en pequeños o grandes grupos pasaba hacia arriba y más tarde de vuelta hacia abajo según la cambiante corriente del río.


Flor del cacao de agua

Anclamos la lancha en un recodo retirado del río, semi-escondido entre la fronda, sin desembarcar asimos una vara larga con un guaral amarrado y a su final un anzuelo pequeño, el Catire colocó en él carnada de pollo, nos indicó como lanzar el anzuelo al agua y a pescar, amigos. Al rato Rosana ya sacaba una mediana presa, (rumié envidiosa: “Suerte de principiante”) una piraña hermosa y colorida de dientes afiladísimos, luego lo hizo el Catire, pero El Capi y yo frustrados no pescamos nada, decidimos devolver a agua los pescados y regresarnos al Campamento.

Comunidad warao

Se nos ofreció una sabrosa cena. El cielo era un pizarrón con puntos luminosos, Rosana identificó para nosotros algunas estrellas, contemplábamos la cinta líquida plateada, oyendo a veces el chapotear de las Toninas, pero al recordar que al siguiente día traería nuevas emociones nos fuimos a dormir.

Hemos realizado una muy interesante visita a una Comunidad warao, “Guanipa Morena II”donde vive la familia del Catire Ramón, cercana al campamento, son alrededor de 10 chozas que se comunican entre sí sobre el río por unos tablones de madera. Gente alegre y honrada, hospitalaria e ingenua. Defienden sus tradiciones musicales, culinarias (bola de plátano, bollo de catevía, de lau-lau (peces), primorosas artesanías (madera de teca, hilos de la hoja de moriche o de palma), chinchorros de moriche. Los niños querían fotografiarse, lo hicimos. Hablé con el padre de El Catire quien me enseñó a sacar las fibras a la hoja de moriche, él estaba sentado en el suelo y amasaba en una olla, harina para hacer arepas, me convidó a beber jugo de moriche, luego conversé con algunas mujeres, por señas ya que no nos entendíamos con palabras. Compramos algunas hermosas piezas de artesanía.


Artesanía warao
Otro día que esperábamos con gran ansiedad y curiosidad, caminaríamos por la selva. Embutimos nuestros pies y hasta la mitad de las piernas en sendas botas de goma, repelente a chorros por toda nuestra humanidad, sombreros y hasta guantes nos pusimos. Luego comprobaríamos que no estaba de mas. Mejor aún, fue un acierto. Denis nos llevó en la lancha río abajo, en alguna parte torcimos hacia la izquierda y nos introducimos por una abertura casi invisible entre aquella muralla de raíces de mangle rojo (Rhizophora mangle) árbol emblemático de la región, que crece profusamente por doquier, es un túnel vegetal donde casi no penetra el sol por lo tupido del follaje, palmas (Temiche, Palmito, Real), Cocoteros), gigantescos árboles de Teca con raíces impresionantes (con su corteza se hacen bellas tallas ornamentales), Cuajo, Seje, Yagrumo y Mangle, entre otros. El Catire machete y hacha en mano va adelante, el agua pantanosa, negra, llena de hojas y ramas caídas, raíces sumergidas, hace un sonido de “Ploff” cuando al pisar el pantano éste succiona nuestras botas y con esfuerzo las levantamos, calor sofocante, no hay brisa alguna, paredes vegetales oprimen el sendero que no vemos, telas de araña enormes, seguimos al guía.

Catire

Me columpio con unas largas lianas sobre un pantano (susto). Mil y una planta para fotografiar, pero los zancudos nos atosigan, se nos da de beber como agua, la savia de un tronco que corta El Catire, él da golpes con el hacha sobre las enormes raíces de la Teca, para demostrarnos el audible eco lejano que trasmite (si una se pierde puede avisar con este sonido donde está ). Se detiene ante el largo tronco caído de un Moriche, con el machete, descorteza un punto y escarba dentro de él para extraer un voluminoso y lustroso gusano que tiene adherido una bolsa amarilla de aceite, le quita ésta con los dedos y luego se lleva a la boca el vivo “pasapalo gusanoide”, ¡Canastos Verdes!, mi amiga y yo nos quedamos patitiesas y sin saber que responder cuando nos ofrece gentil, otro pequeño pasapalito. Con elegancia hipócrita declinamos la invitación a degustar tan exquisito manjar. El Catire nos brinda “in situ” diversa información sobre los atributos de esta palma, alimento, cobijo, artesanía, vestuario. También nos enseñó el Tirite ( lachnosrohon.sp) una planta asociada al mundo mitológico del warao, además que la utiliza para fabricar hermosas y variadas cestas (de la corteza del tallo). Seguimos recorriendo la selva. Todo aquí resplandece en húmedo verano como si Dios no hubiese terminado su creación. No puedo hablar del Delta con palabras, sino con emoción del alma.

Chenchenas

De vuelta en el río, al regreso tuvimos momentos mágicos. Un manatí emergió y sumergió dos veces en el agua a título de exhibición para nosotras. Un manchón rojo escarlata en el cielo se diluye en magníficos ejemplares de aves “Corocoras” que elegantes se posan en la orilla arenosa. Era propicia la hora. Un trío de juguetones delfines saltan a ratos en el agua. Vuela raudo un pequeño tucán, apenas vislumbramos el colorido pico. Un árbol alto y frondoso presta las ramas de su copa como albergue para monos aulladores, mientras a lo lejos oímos su ronco aullido gutural. Un pequeño Martín Pescador se sumerge rápido en el agua y sale con un pececillo en su pico, alza el vuelo.

Se acerca el final de al tarde, regresamos al Campamento.

Comunidad warao
Al día siguiente salimos muy temprano a navegar, la idea era de aprovechar la subida de la marea y llegarnos hasta Pedernales donde desemboca el río en el mar. A poco de navegar hubimos de buscar un refugio pronto, por fortuna había uno muy lejos. De repente el horizonte hacia donde navegábamos desapareció de nuestra vista, todo estaba cubierto por una espesa neblina, que en realidad no era tal, sino una cascada de lluvia, un torrencial aguacero que se acercaba muy rápido. El agua se agitaba furiosamente creando pequeñas olitas que chocaban contra la orilla del refugio, había una muy fría brisa. La furia de la naturaleza me asustó, el horizonte confundido con el cielo, todo nublado, gruesas gotas de agua caían con fuerza. Pero tan rápido como llegó igual se fue.

Corocoras
Ya lejos la lluvia volvimos a embarcarnos y continuar nuestro viaje hacia la desembocadura, en cierto momento estuvimos con el norte el mar, a la izquierda Tucupita y a la derecha Monagas, atrás Boca de Tigre. Navegábamos el río Mánamo, pasamos Boca de Bagre, isla Pedernales, la región del Morocoto, isla Mánamo. Pasamos de largo a Pedernales y seguimos al poblado de Capure a la orilla de Boca Pedernales (donde desemboca el río en el mar.)

Tucanes
Capure es un muy pequeño poblado, algunos de sus habitantes viven de la pesca pero en su mayoría muchos de los lugareños trabajan en las 2 plataformas petroleras que se encuentran cerca, ambas explotan yacimiento petroleros dentro del río, a veces el aire trae el olor fuerte del mineral. Recorrimos las 3 calles del poblado tomando fotografías mientras los lugareños nos observaban curiosos. Denis el Capitán, nos dio prisa para volver, se acercaba la hora de la subida de la marea y por experiencia nos explicó lo difícil y peligroso que se torna el mar cuando esto ocurre, forma violenta marejada , fuerzas diferentes mueven la embarcación con peligro de hundimiento.

Iglesia de Capure

Llegamos al Campamento sanas, salvas y hambrientas. Almorzamos y mientras arreglábamos el equipaje cayó otro fuerte chaparrón de agua, hubo que esperar que escampara para poder embarcarnos. El momento llegó aunque el cielo seguía encapotado, despedida de todos. Denis nos trasladó de nuevo al puerto de Bujas. Nos esperaba el amigo González y de nuevo en su camioneta nos llevó al Terminal de buses en el centro de Maturín, donde esperamos la hora de salida. Tuvimos un viaje de regreso tranquilo y a las 6.30 a.m., ya estábamos en Caracas.

Calle de Capure

Más que conocer un Campamento, conocimos un modo de vida en uno de los territorios todavía vírgenes en el planeta.

Nos vemos en la próxima.

Edilia C. de Borges

Fotografías: Rosana Langerano


lunes, 8 de febrero de 2010

La Vaquera y Masaguaral

Participantes: Miriam Langerano, Blanca Zerpa y Rosana Langerano. Guía: Hermann Capriles
Agosto 2007

La Vaquera (Vía Guardatinajas, Estado Guárico)

Pabones en el mercado de Calabozo

Palma llanera (Copernicia tectorum)

Blanca y Miriam en laguna de La Vaquera
Mochuelito de hoyo (Speotyto cunicubaria) en estantillo de la cerca de La Vaquera

Ganado en Masaguaral

Mariposa

Hoja de la Palma llanera

Nido experimental del periquito mastrantero (Forpus passerinus) en estantillo de la cerca de Masaguaral

Chenchena (Opisthocomus hoazin) en Masaguaral . Estas aves tienen en sus alas unas garras que representan rasgos evolutivos del Jurásico Superior

Babo (Caiman crocodylus) en Masaguaral

En Masaguaral se encuentra el zoocriadero del caimán del Orinoco (Crocodylus intermedius) una de las especies de cocodrilos mas grandes del mundo, llegando a alcanzar 7 metros de longitud los individuos adultos y que se encuentra en peligro de extinción.
Fotografías: Rosana Langerano

lunes, 27 de octubre de 2008

Río Caura y Salto Pará
Participantes: Edilia C. de Borges, Rosana Langerano, Lisandro Altuve, Ana de Altuve y Mariana Vasquez

Llegamos a “Las Trincheras” un caserío de la etnia indígena Yekuana o Maquiritare = “Hombres del río”, ubicado a orillas del río Caura, donde embarcaríamos en las curiaras., hacia el destino final: El Salto Pará. Razones imprevistas hicieron que tuviésemos que esperar allí mucho tiempo y no salir a la hora pre-fijada. Nuestra espera no se hizo tediosa, porque nos ubicamos en la playa del río, que aún no siendo muy atrayente, permitió que nos cobijásemos a la sombra de algunos raquíticos árboles
A descansar, leer, dormir, comer, mientras otros se bañaban en las aguas de color oscuro


Ya casi a las 3 de la tarde la alegría nos volvió al cuerpo, llegaron dos de las curiaras de nuestro traslado. La otra lo haría posteriormente. En una de ellas se colocó todo el equipaje y la otra la abordamos..Con un motor fuera de borda, rústicas, sin techo..Nosotros las hicimos cómodas con nuestro entusiasmo y curiosidad, la falta de techumbre la resolvimos con sombreros y gorras, el fuerte sol lo afrontaríamos pringados de cremas bloqueadoras.. Río arriba comenzó ahora verdaderamente nuestra anhelada ruta.
El Río Caura es el tercer río más grande de Venezuela, con longitud de 725 kms, tributario del río Orinoco, su cuenca se encuentra protegida por una gran reserva forestal (5 millones de hectáreas), bañando una selva tropical formada por bosques Primarios que en su mayoría permanecen vírgenes por no haber sido (afortunadamente hasta ahora) talados.


Boquiabiertos, absortos, gratamente admirados, nuestros ojos no alcanzan a captar toda la inmensidad del impresionante paisaje que nos rodeaba., ni aún con la ayuda de los binoculares. Las cámaras de fotografía y video no cesaban de tomar imágenes a diestra y siniestra, aprovechando el magnífico foco de luz que el refulgente sol nos enviaba. Allá era una Ceiba altísima, acá una “mata de cigueñas”, acullá el vuelo escandaloso de los loros, el elegante del gavilán, el certero y sorpresivo sumergirse del pájaro “Martín Pescador”, las sonrisas y los gestos alegres de nuestros compañeros, el rostro ceñudo y hermético de nuestro guía y motorista, ambos indios…


Navegamos así mucho tiempo, casi sin darnos cuenta el sol se retiró y en su lugar la señora luna hizo su magnífica sustitución..Luna llena que contribuyó todavía más al encanto de esos momentos..Pero la realidad se imponía y la prudencia tambíen. El río aunque en esos momentos no estaba “embravecido”, si llevaba un respetuoso caudal, su ancho es de bastantes metros y tiene “muchos rápidos”, no era cosa de tentar la suerte y en la oscuridad tener un encuentro cercano con una de las tantas rocas negras, enormes, graníticas, que emergen del río..
Así que sabiamente nuestro guía orilló las curiaras hasta un banco extenso de arena, “El Pescado” se llama el sitio, donde pasaríamos la noche..Los otros compañeros no llegaban. Mientras los esperábamos montamos las carpas, clavamos estacas para colgar los chinchorros, nos bañamos y preparamos para dormir..Llegaron, un percance en el motor de la curiara los retrasó.
El dormir fue un placer. Muchos lo hicimos a “cielo abierto”, en nuestros aislantes directamente sobre la caliente arena, arrullados por el rumor del río y bajo el dosel de un cielo estrellado y un faro brillante de luz lunar.


Temprano al día siguiente de nuevo en las curiaras , esta vez rumbo a “El Playón”, es un campamento levantado por los indios Yekuanas, hay churuatas donde dormir en chinchorros con mosquiteros provistos por ellos, cocina con fogón, electricidad con una planta que mantienen hasta altas horas de la noche, baño con aditamentos modernos de loza blanca, todo rústico pero limpio y acogedor. Amplias zonas para las carpas.
El rio acá forma muchas sitios que invitan a bañarse, no hay peligro de rápidos si una no es imprudente, hay que cuidarse de los “Tembladores” y las “Rayas” que se empeñan en nadar por las orillas..Mucha playa de arena donde tenderse a asolearse (aún más)…
Solamente tuvimos tiempo de dejar nuestras cosas, recoger agua, comida y todo lo que presumíamos íbamos a necesitar y de inmediato nuestro guía comenzó la caminata hacia el Gran Salto Pará…Una hora y 45 minutos fue la travesía desde el caserío hasta lo alto donde se encuentra el Salto...
Caminamos explorando aquella selva, oyendo el cantar de los pájaros, el bailotear de muchas mariposas. No es difícil, tiene cuestas suaves, muy pocas, la mayor distancia es semi-plana, pero se hace fatigosa por ser selva húmeda, el ejercicio y el calor extenuante nos hace sudar “riachuelos” de agua por todo el cuerpo.
Y cosa rara, afortunadamente lo teníamos previsto y avisado..Por el trayecto no hay agua, al menos en verano como ahora…Los cauces que atravesamos están secos…Para compensar la bellezura del entorno, es bravía...


Se termina el camino..en frente tenemos un área verde de corta grama natural..y luego amigos…Que impresión..La atracción máxima de la zona..El Gran Salto Pará.. Espectacular..El río se divide y desciende en 7 inmensos torrentes. Aún seco su volumen de agua impresiona, éste se incrementa en invierno mil veces. Viene de correr por un cañón que se abre en saltos alineados en forma de herradura de más o menos 60 metros de alto, islas verdes entre ellos, festoneados de lianas, densa bruma formada por la neblina de miles y miles de gotitas de agua que al viento esparce..El ruido de las aguas al caer es sonido acompañante del espectáculo asombroso que disfrutamos a lo máximo.. .

Tuvimos mucho tiempo de contemplación, de traerlo en nuestro recuerdo no solamente en la mente sino en imágenes..Nos bañamos en un pozo rodeados de piedras brillantes que nos masajeaban el cuerpo. Sentados en la húmeda y fragante hierba almorzamos...
Adquirimos preciosa artesanía que una pareja de Yekuanas ofrecía a precio irrisorio...

Pasado el tiempo desandamos el camino, con pesar, bajamos de nuevo hasta El Playón.
Era todavía muy temprano, terminamos la tarde aprovechando para bañarnos de nuevo en las tibias aguas de los muchos remansos.. Ya en la noche después de una cena espléndida, donde hubo hasta el deguste de un “Bagre” pescado por un amigo, luego de unas copitas de vino..abrimos el “garito” para jugar cartas, dominó y bingo..En éste último participaron algunos ávidos y curiosos indios…Pero no tuvieron suerte..Gané yo...

Al otro día ya era el de la partida..Con lentitud al despertarnos a la hora que quisimos, desayunamos y con parsimonia arreglamos nuestros morrales..Curioso..ahora las cosas que vinieron no cabían de regreso..Pero chapuceramente cupieron al fin..
A las 10 y media de la mañana dijimos adios a los lugareños que con tanta amabilidad y cortesía nos recibieron..Esta vez la travesía por el río con un sol inclemente de frente castigándonos, se vio mermada con la presentación del baile sinuoso de las “Toninas” (Delfín de río)..A veces sacando agua de la curiara que las olas que hacían los rápidos nos enviaban, bañándonos en cada oportunidad que el bote se detenía por algo (el calor era sofocante), con algunos altibajos de parte de los motores de todas las curiaras..nos vimos otra vez en “Las Trincheras”...


Allí tendidos en la arena de la playa, frente al río hubimos de esperar entre baños y descansos a que nos recogiera el transporte que nos llevó de nuevo a Ciudad Bolívar, donde llegamos a tiempo de desayunar en el Mercado Municipal..Fabuloso…Comprar dulces típicos de la región y compartir con la gente de la zona, cosa muy interesante.
Tomamos la consabidas fotos del Puente de Angostura.. sobre el río Orinoco y luego subimos al transporte que nos traería hasta Caracas..Esta vez, aún en contra de los augurios de los “profetas del desastre”, el regreso fue bastante rápido, una pequeña colita de autos, pero cosa nimia..En la capital estábamos antes de la 7 de la noche.
Muy buena excursión, aunque trabajosa en su logística por ser la primera vez que se hace..pero por supuesto será todavía mejor cuando regresemos de nuevo a esta maravillosa y privilegiada zona

Nos vemos en la próxima,


Edilia C. de Borges


Fotografías: Rosana Langerano





jueves, 23 de octubre de 2008

Hacienda Guáquira

Julio 2006








Fotografías: Rosana Langerano

sábado, 18 de octubre de 2008

La Vuelta Larga de Oriente
Febrero 2007
Participantes: Edilia C. de Borges, Rosana Langerano y Thamara Gutiérrez
Hola amigos todos, les cuento:
Con el pretexto de ver el carnaval de Carúpano (Edo. Sucre), mis amigas y yo llenamos nuestros morrales y subiendo a un cómodo autobús-cama privado, nos fuímos rumbo al oriente del país. Con los retardos crónicos en la vía para estas fechas, el viaje que normalmente se hace en 9 horas, esta vez lo hicimos en 13. Por fortuna para nosotras, el haber salido de noche, todo el tiempo y parte del amanecer la pasamos muy bien, durmiendo plácidamente.
9 de la mañana, llegamos a destino, a la alegre ciudad de Carúpano, allí mismo en la acera, desayunamos las sabrosas y afamadas empanadas de cazón y un fuerte café sin leche, una risueña señora nos lo vendió.
Contratamos un taxi (muy económico por cierto), le indicamos al chofer la dirección donde íbamos, él dijo que la conocía, pero la cosa resultó no muy cierta, porque dimos vueltas y revueltas por las afueras del pueblo, recorrimos caminos por trechos largos , hasta que un lugareño nos indicó la ruta a seguir. No nos importó porque conocimos muchos “recovecos” de caseríos interesantes. Entre ellos la Hacienda Bukare. (hacienda de cacao).

Llegamos a nuestro objetivo, su dueño no estaba. Nos presentamos a unas personas que nos recibieron (empleados) y nos sentamos a esperarlo. A primera vista las instalaciones se ven prometedoras, hechas de madera con techos de palma, amplios corredores sombreados constituyen el cuerpo principal de la casa, más atrás se veían algunas cabañas del misma estilo. Por doquier altos árboles y flores. Después supimos que todo ello, además de los muebles fueron diseñados y construídos por su dueño: prácticos y funcionales, austeros y elegantes, todo en madera.
Llegó la hora del almuerzo y nos invitaron a pasar al comedor. Comida sencilla, y sana. Acá como bebida solamente hay agua, café y jugos de frutas. Las bebidas alcohólicas y los refrescos no existen. Aún sentadas a la mesa llegó el propietario y presidente de la Fundación Vuelta Larga, su hacienda también lleva este nombre: Klaus Muller. Hombre alto y fornido, afable, locuaz y gentil se nos presentó. Nos pidió que descansáramos un poco porque en la tarde comenzaría nuestro periplo por esas tierras. Seguimos su consejo y nos instalamos en nuestra habitación. Pasadas unas horas Klaus nos llamó y en su camión turístico comenzamos a recorrer el área.



Luego de un camino no muy largo de tierra, llegamos a un terreno amplio donde los Samanes y Bucares se erguían con gran orgullo y con toda razón, ellos crecieron gracias a la mano generosa de Klaus, quien años atrás sembró sus semillas y las cuidó con esmero y cariño.
Seguimos hacia una zona donde están otras instalaciones (también obra Klaus), donde se dictan talleres, seminarios, sirviendo a la vez de laboratorio. Por allí cerca vimos una laguna artificial para experimentación. (observación y cría de peces de la región), en la orilla, un curioso artefacto que sirve para achicar o aumentar el caudal del agua, de acuerdo al requerimiento. Más allá en un corral, una danta que curiosa se asoma por los agujeros de la cerca, en otro un búfalo de morro fruncido y amenazador y más allá en una gran jaula una tortuga grande y una iguana.


Caminamos un largo camino de tierra a cuya vera está un canal artificial de agua, por un lado un canal de agua y por el otro, una laguna.
Subimos a una pequeña lancha con remos y dos jóvenes de la hacienda que la conducían, nos llevaron por aquél sendero acuático, para observar las plantas hermosas alrededor del río, y la fauna que allí se citan : Tal como una colonia de chenchenas, gavilán, corocoras, garzas blancas, mariposas, y diferentes aves cruzando rápido el aire con gran algarabía y en busca de sus nidos, ya se recogían porque estaba atardeciendo. A la otra orilla del camino vimos la laguna en cuyo centro se levanta un palafito, allí sentados puede uno pescar o solamente relajarse para meditar en silencio, mientras el sol se va escondiendo poco a poco.


Tuvimos una tranquila noche y un criollo desayuno al día siguiente, creo que fue el olor de las arepas tostadas y del café recién hecho lo que me despertó..Klaus nos lleva ahora a una caminata por la serranía circundante, no es muy alta la montaña, su máxima altitud es de 1.100 m.s.n.m. Con el día claro y soleado desde allí logramos ver y fotografiar paisajes hermosos de montaña y mar..
A veces nos deteníamos en algunas casas de lugareños, el denominador común de todas era tener un patio donde secan los granos de cacao. Instructiva la parada en la casa de uno de ellos, él nos llevó a su siembra de cacao. Descalzo, con machete en mano al lado de una mata, nos explicó como es la siembra, cultivo, cosecha, recolección, secado y molido del fruto, para luego procesarlo artesanalmente y convertirlo en “bola de cacao” o chocolate.. Estas gentes son sencillas, amables, brindan al visitante cordial hospitalidad y saludos a nuestro paso. Uno de ellos nos ofreció algo que no sabía yo pudiera lograrse: jugo fresco de naranja cajera. Sabroso con ganas..
Mandarinas y Pomarosas, que crecen a la mano de Dios, fueron probadas por nosotras.
En cierta parte del camino de bajada, Daniel hijo de Klaus, nos esperaba en el camión para devolvernos a la posada. Menos mal porque ya el sol nos “calentaba” con fiereza.

Siempre guiados por Klaus, ahora visitamos la Falla Geológica El Pilar.., distante un largo trecho desde la hacienda. En el vehículo llegamos hasta la entrada del parque donde está ubicada..Hay una caminería de piedra que nos lleva hasta cierto punto, donde se comienza a ascender un poco por un sendero angosto dentro del monte y rocas, siempre a la orilla del riachuelo. En el aire hay un olor algo desagradable de azufre u otro mineral, molesta al principio , pero luego una se acostumbra mientras va caminando. El sendero estrecho, entre arbustos espinosos y resecos, el sol cae bastante fuerte. El agua hierve en algunos huecos entre las rocas, de otros sale un humo claro y maloliente. Con sumo cuidado introduzco mis dedos en el agua y ¡hayayai! Quema en verdad..Vapor de agua emana del río. La floresta despejada, por ser arbustos no altos y el sol inclemente, se unen para elevar la temperatura en el ambiente. Hay una calor de la “quinta palia del infierno de Dante”, nos agobia y sofoca a medida que trepamos las calientes piedras; llegamos a la cascada que cae tranquila formando un pozo circular, de aguas claras y tibias..Ni lo pienso, apenas me saco las botas y así con ropa y todo, me sumerjo en la refrescante piscina natural, mientras una de mis amigas sube hasta la cascada y allí se ducha. Frescas ahora bajamos, me encuentro a una joven impregnada en barro caliente y negro por todo el cuerpo, alega que le preserva el cutis…Bueno….le tomo una fotografía..
Otro día. Klaus nos lleva a la playa, pero no a cualquier playa (aunque por allá en oriente todas las playas son preciosas). Esta vez después de rodar bastante tiempo en su camión, nos deja en el campamento privado “Playa de Uva”…Otro paraíso. Nos quedaremos acá todo el día..Lo primero que hacemos es bajar hasta el restorán (abierto, paredes de malla mosquitera y techo de moriche) que está frente a la playa, bajamos colinas de muy cuidado césped, palmas, bromelias y otras flores encontramos por doquier, cabañas funcionales integradas en su diseño al paisaje. Se nos atiende muy bien y el desayuno es super delicioso..criollo oriental, donde las arepas y el perico carupanero nos deleitan. Después y siguiendo indicaciones que nos dieron, nos vamos por un caminito entre la montaña que baja hacia el mar, encontramos un mirador natural, desde donde vemos el mar a todo lo que da nuestra vista, las montañas y el horizonte lejano. Los colores prístinos brillan con el sol fuerte, tomamos fotografías y seguimos ahora descendiendo con cautela por las piedritas sueltas, llegamos a “Nivaldito”, esta playa pertenece al campamento. Gentil se nos acerca el cuidador y nos ofrece agua de coco, que un muchacho baja del cocotero con agilidad y gracia.¡Que dulce y agradable el líquido que calma nuestra sed.! A esta temprana hora la playa está sola para nosotras, con el transcurrir del tiempo irán llegando otros huéspedes.
Mis compañeras se tienden al sol y yo busco cobijo en la sombra que me da una alta muralla de piedra, un libro me acompaña. Con pereza veo pasar lanchas a quienes saludo desde lejos. Chapuzones en la fría pero quieta agua nos reaniman, pasa el tiempo lentamente y no nos damos cuenta. Pero el cielo se obscurece, negros nubarrones amenazan lluvia, decidimos volver al campamento. Almorzamos y nos dispusimos a disfrutar del entorno mientras venía el chofer que nos llevaría de nuevo a la hacienda..

No veíamos a nadie por el camino, todo mundo estaba de fiestas carnestolendas.
Este día quisimos ver el carnaval en Carúpano, pero salimos muy temprano y al llegar a la ciudad, decidimos devolvernos a la población de Río Caribe, allí compraríamos dulces criollos y la famosa bebida de la región. En una camioneta por puesto y bordeando la carretera por los acantilados frente al mar, llegamos en breve tiempo.

Ahí aprovechamos de caminar para conocer un poco el pueblo, nos topamos con un restorán criollo de buen aspecto, de magnifico aspecto..Situado frente al mar, de paredes blancas y puertas altas de madera, con sendos ventiladores de techo dando vueltas, un joven camarero moreno y de sonrisa ancha y simpática, nos recibe con el menú de la casa..¡Canastos verdes!..¿Qué nos íbamos a imaginar que conseguiríamos esta rica oferta culinaria?.. Así que pedimos Pastel de Chucho, ¡Ummm!, Catalana y su contorno y de postre..¡Oh maravilla!...Negro en camisa y pudín de limón…Ahhh…que ricura…Seguimos en busca de nuestro deseo de compra y así llegamos a la famosa casa de la “Dulce Mirna”, donde adquirimos el artesanal licor de Ponsigué y el de Cacaíto, En la calles, una señora vendía los afamados dulces de coco y otras delicias.
De vuelta a Carúpano, como nos restaba tiempo, visitamos el interesante Museo Histórico..Interesante..Y después seguimos a la procesión de gente, una multitud que caminando iba en busca de la calle por donde desfilarían las carrozas del carnaval. Bulla, papelilos, fritangas, bailes, disfraces, ventas ambulantes de todo tipo de cosas, inverosímiles cosas, música, toda una algarabía alegre y fiestera…Sin embargo se acercaba la hora de tomar el autobús de regreso para Caracas y todavía no había vestigios de carrozas..Así que sintiéndolo mucho nos fuimos al Terminal. Esta vez el transporte salió a la hora y a las 5 de la mañana ya estábamos en la ciudad capital.
Fue una muy interesante vivencia, que nos dejó el dulce sabor de volver a conocer más del oriente.

Nos vemos en la próxima.

Edilia C. de Borges

Fotos: Rosana Langerano
Cueva El Peñón /El Encanto de Mauricio

12 de marzo del 2007

Hola amigos todos, les cuento:

Aceptando la invitación recibida, este domingo nos fuimos de excursión “didáctica” hacia el centro del país. Salimos muy temprano desde Altamira y en apenas 1 hora, sin tráfico arribamos a la “Plaza del Estudiante” en la vecina ciudad de Ocumare del Tuy.
Un nutrido grupo de jóvenes inquietos, estudiantes, su profesor Lenín, y nuestro amigo Teobaldo Alvarado ya nos esperaban, así que de inmediato subimos a los transportes para comenzar la excursión. Había que salir temprano, antes que el sol se “despertara” del todo.


El trayecto hasta el sitio de inicio a la caminata, aunque de varios kilómetros, se hizo en breve tiempo, el chofer manejaba rápido por una vía comunal desolada a esa hora. Llegamos al sector de “Sucuta” (nombre de una fruta de la región), es un cruce de dos caminos donde sólo hay una casa modesta, allí funciona una “bodega” con chucherías y refrescos, una cancha para bolas y dos toscos asientos de madera , todo ello debajo de un techo de palmas sostenida en cuatro horcones..No se veía a nadie. Bajo una precaria sombra nos “arracimamos” dejando en el centro a Teobaldo, se hizo un palpable silencio y en tono profesoral Teobaldo nos dio una cátedra histórica sobre el origen, nombre, toponimia y características de la cueva donde íbamos.

“Cueva El Peñón”, lleva este nombre porque está ubicada en el centro y en lo más alto de una colina hirsuta de rocas. En su interior tiene 7 manantiales subterráneos que llevan agua a lugares altos de Ocumare del Tuy. Fue descubierto el 18.1.1869 y se han explorado 500 metros. Simón Ugarte científico caraqueño hizo el primer estudio de ella Se le llama también “Encanto de Mauricio”, personaje lugareño muy folclórico que vivió ahí por muchos años, se le consideraba “un encanto” y sobre él se tejieron muchas leyendas y anécdotas (algunas de ellas también nos la refirió Teobaldo)”.

En la cueva se han encontrado fósiles. Su formación es de roca caliza. Tiene muchas e interesantes formaciones calcáreas, estalactitas y estalagmitas, pliegues “cresta de gallo” y “tocineta”. Viven en ella colonias de murciélagos, cucarachas enormes y ciegas, arañas-escorpión, grillos negros. Hongos. Ya con todo este bagaje de información, caminamos en busca del objetivo. Pero antes debimos cumplir con las reglas establecidas y fue la de entregar una lista con nuestros nombres, al Puesto de Guardia Nacional, encargados de velar por la seguridad y mantenimiento de la zona.

Ahora sí, seguimos por la carretera ancha de tierra, la dejamos luego y nos desviamos hacia un sendero oculto entre la maleza, allí continuando por un caminito plano entre la seca vegetación, que rápidamente asciende por intrincadas rocas grandes, breve trecho que nos llevó a ver de inmediato la entrada a la cueva. La primera vista impresiona, pues es un boca ancha de paredes y techo bastante irregular, el suelo al contrario de lo que yo pensaba, no está lleno de guano, lo hay, pero poco.

Se organizan tres grupos para visitarlas por seguridad y libertad de acción, todos con nuestra mascarilla de protección. La entrada es horizontal, nuestro guía, Teobaldo, nos lleva a la primera de las 3 salas. La Cueva ciega, porque sus paredes son cóncavas y no tiene otra salida. No es tan obscura, sin embargo veo colgando en un rincón, una camisa sucia de sangre (espero que no sea por brujería), no la enseño a nadie. Salimos de allí y a un lado vemos una especie de altar en un recodo de la pared, algunas personas depositan ofrendas por favores recibidos, de “San Mauricio”, como le llaman.

Para llegar a la segunda sala: “Las mujeres de Mauricio”, tenemos que agacharnos y pasar una abertura estrecha de techo muy bajo, subimos y bajamos rocas y ahora nos encontramos en la sala, su nombre lo toma de unas formaciones en la pared, que semejan tres mujeres de espalda, nítidamente se observa la cabeza, tronco y “pompi”, dos gordas y una delgada. Además acá se presenta un fenómeno especial. En el techo se encuentra una abertura redonda por donde se filtra la luz solar. Es una vista imponente del rayo solar que poco a poco va besando la pared, hasta que se centra en ella iluminando todo el recinto. Todo un espectáculo.

De acá pasamos a la 3ª sala, se hace difícil el laberinto pétreo por el paso angosto, no apto para “gorditos”, las piedras están resbalosas y la oscuridad total, sólo rota por la luz de nuestras linternas. Las formaciones rocosas son raras. Pero hasta aquí podemos llegar. Aún cuando está explorada más adentro, no es seguro. Lo dejamos para los especialistas.

De regreso, esperamos en la entrada de la cueva a que los otros grupos hagan el recorrido, después de muchas fotografías salimos de la cueva, para ir a la cantera.
Ésta está en la parte de atrás del peñón, es una montaña de cal. Grandes trozos de piedra calcárea han rodado y están esparcidas por toda el área , producto de la explotación que hace años realizó allí una Compañía para extraer el mineral, dejando mucho daño tras sí. Secaron una laguna cercana y por ende, la fauna acuática se extinguió y la terrestre huyó, la flora y el entorno cambió drásticamente. Destruyeron el hábitat de muchas especies y refugio de animales. Por suerte se revocó el permiso otorgado a la fábrica de cemento y se prohibió la extracción del mineral, resguardándose la zona como “Reservorio Natural”, como hoy día se mantiene.

Los estudiantes recogen muestras de las piedras, juegan se ríen y se toman fotografías. Tuve la fortuna de conseguir piedras muy bellas, pirita, serpentina, ferrosa y hasta una con un manto de cuarzo blanco brillante. Bastante tiempo estuvimos allí. Caminamos de nuevo hasta el sitio donde subiríamos al transporte. Mientras sentadas almorzábamos, oímos un sonido como de “balas de ametralladora”, se fue intensificando y ahora era el crepitar de la madera y del monte seco. Frente a nosotros en una colina se desató un gran incendio por combustión espontánea. Largas lenguas de fuego se veían primero al pie de la colina y luego subiendo hacia lo alto, empujadas por el viento fuerte. Fue doloroso ver aquello, sin embargo la belleza del fuego instó a tomarle fotografías, por la imponencia y dramatismo del mismo.

Ya en la ciudad, y después de refrescarnos, subimos al vehículo que nos trajo a Caracas.
Hicimos un buen ejercicio físico, revivimos cosas olvidadas de nuestra enseñanza primaria, conocimos un sitio sumamente interesante y disfrutamos de la compañía.

Nos vemos en la próxima.

Edilia C. de Borges


Fotografías: Rosana Langerano